24 de marzo de 2009

Es hora de que AL recupere su independencia

Entrevista a Eduardo Galeano hecha por Blanche Petrich. Primera parte. Publicada el día 24 de marzo de 2009 en La Jornada.

Del periodismo, de los pueblos de América Latina “que se cansaron de bailar salsa al ritmo del Titanic”, de la historia del mundo, del racismo y del machismo. De su formación académica en los cafés de Montevideo. De su estilo literario, que aspira a decir lo más con menos, carne y hueso sin grasa, palabra desnuda. De su última aventura, Espejos, un libro de contrahistoria que abarca lo inabarcable y narra una serie de historias chiquitas desde el punto de vista de los que no están en los libros, los excluidos, los despreciados. Eduardo Galea- no se engancha fácil para hablar de todo esto y más con La Jornada, diario que –asegura– también es mi casa.

El uruguayo Galeano tamborilea con los dedos sobre la talla de una cabeza africana con la que se ilustra la portada de Espejos, su obra más reciente. “Aquí –dice– me paseo por la historia universal de manera muy irresponsable”. Se ríe de sí mismo: Desde el tiempo de las cavernas para acá, no se me escapa nada. Claro, lo que más me llega es lo que pasó en el siglo XX, que el mío. Ahora, el siglo XXI debe aprender de lo que ocurrió en el XX. Lo que ocurrió es el doble fracaso: por un lado de las sociedades que sacrificaron la libertad en nombre de la justicia y, por el otro, las que sacrificaron la justicia en nombre de la libertad. El desafío de los tiempos que vienen es que ellas dos vuelvan a estar juntitas. La justicia y la libertad nacieron siamesas, pero fueron cortadas por los cirujanos del poder; ahora quieren volver a estar así, espalda contra espalda.

De igual manera, convencido de lo que dijo Rosa Luxemburgo, de que nada hay más revolucionario que decir lo que se piensa, se permite expresar sus discrepancias con Cuba y Venezuela.

Para abrir boca, aborda la objetividad en el periodismo como una de las mentiras mejor vendidas como verdad por los amos de los medios de comunicación.

Relata una conversación que tuvo hace tiempo con un poeta nicaragüense que nació con el siglo pasado, José Coronel Urtecho. “Cada vez que iba a Nicaragua lo visitaba en la finca que tenía cerca de la frontera con Costa Rica. Un día le conté que estaba escribiendo Memorias del fuego, el primer tomo. Estaba abrumado porque me costaba muchísimo tomar distancia. Escribo de tal manera que no consigo ser objetivo; amo y odio a personajes que vivieron hace cuatro, tres siglos. Los siento como si fueran mis vecinos, no puedo tener una mirada que no esté teñida por el amor o por la bronca. Y él me dijo algo que fue clave: el problema de los periodistas es que creen religiosamente en la objetividad. Me dijo: quieren ser objetivos para salvarse del dolor humano. Frase estupenda. Me dio luz verde, porque a partir de ahí escribí despreocupándome de la objetividad.

–Después de tantos años de estar discutiendo el mismo tema, uno diría que el asunto está saldado...

–Sí, pero no. Porque los dueños de la información insisten en parapetarse detrás del escudo de la objetividad. Acá en el libro Espejos, página 290, a propósito de Vietnam, cito al curiosísimo periodista estadunidense George Bayley, quien con paciencia china midió el tiempo que habían dedicado las cadenas televisivas ABC, CBS y NBC a la guerra entre 1965 y 1970. El punto de vista de la nación invasora ocupó 97 por ciento del espacio. Pero como esta objetividad exige que se conozca la opinión de las dos partes, también hubo un espacio para el punto de vista de la nación invadida, que ocupó el tres por ciento.
[...]
–En aras de la objetividad, los medios distorsionan también la realidad latinoamericana.

–Más por lo que callan que por lo que dicen. Muchas cosas buenas que ocurren, por ejemplo en Cuba, en Venezuela, en Bolivia, se callan. Claro, son procesos humanos, sucios de barro humano. Pero para los dueños de los medios, es útil demonizar a algunos. Éste es un mundo que destina a la guerra sus mayores recursos. Y eso requiere de enemigos. Si los enemigos no existen, hay que inventarlos para justificar la multiplicación de las armas.

Dos de los casos más escandalosos de satanización por parte de los fabricantes de la opinión universal son los de Hugo Chávez y Evo Morales, con quienes, dicho sea de paso, se pueden tener todas las discrepancias del mundo. Hay cosas que hace y dice Hugo Chávez que a mí no me gustan. Pero eso no me impide denunciar, cada vez que se puede, esa estafa colosal, cuando se le califica como un tirano, un enemigo de su pueblo.

AL, el reino de la diversidad

Yo fui vocero de los observadores internacionales independientes cuando en 2004 convocó al plebiscito revocatorio. Me tocó participar con Jimmy Carter y César Gaviria. Pasamos toda la anoche juntos, analizando los datos. Y al final, los hechos cantaban: fue una elección limpia. La primera vez en la historia universal en la que un presidente electo ponía su mandato a la disposición de la gente diciendo: si ustedes quieren, me quedo; si no, me voy. No hubo trampa. Lo mismo hizo tiempo después Evo Morales, y en una proporción un poco mayor que a Chávez, su pueblo pidió que se quedara. Fueron dos lecciones de democracia que el mundo no escuchó. Y no las escuchó porque los medios las acallaron.

–El tema de la relección en el caso de Bolivia y Venezuela suena casi a una mala palabra, cuando muchos sistemas políticos en Europa, incluso Estados Unidos, lo permiten.

–Hay una clara contradicción entre lo que predican los países poderosos y lo que practican. Personalmente no me convence mucho lo de la relección indefinida. El poder es peligroso e induce a la larga a escuchar más eco que voces. La concentración de poder en una sola persona no es buena para la democracia que queremos, participativa. Es mi opinión, pero eso no me hace caer en la trampa de creer que Chávez quiere perpetuarse en el poder. Tampoco me convence el sistema de poder en Cuba, que quizá fue el único que Cuba pudo tener, víctima de la asfixia temprana por parte de los poderes imperiales. Quizá eso no es lo que querían, era lo que podían.

El Estado todopoderoso no es la mejor respuesta al mercado todopoderoso. Yo tengo opiniones discrepantes con Cuba, y creo, como dice Rosa Luxemburgo, que no hay acto más revolucionario que decir lo que uno piensa. Muchas veces, el acoso que sufren las experiencias de cambio y todas las tentativas de justicia social son sometidos a un bloqueo feroz. A veces, de esto resulta que se condenan, y muy injustamente, las opiniones que contradicen a la voluntad del poder. Y eso no es bueno.

–Hablando de un mundo despistado, América Latina es rica en contradicciones. Los cambios que abarcan cada vez más territorio, desde el Brasil de Lula da Silva hasta El Salvador de Mauricio Funes, pasando por un sandinismo en Nicaragua que se vuelve contra sus hermanos, son contradictorios. No sé si estamos entendiendo bien estos cambios.

–Lo que hay que subrayar por encima de todo es que América Latina es el reino de la diversidad. Es lo mejor que tenemos y no tiene que asustar a nadie, al revés. Toda generalización de antemano está condenada a equivocarse. Pero del otro lado, es inevitable generalizar cuando se intenta abarcar un panorama que vaya más allá de las fronteras de cada pedacito. Lo que hay es una voluntad de cambio en los pueblos, una naciente y creciente conciencia de que los caminos recorridos en los últimos 30, 40 años conducían a la catástrofe. La caída de Wall Street –que por algo se llama la calle del Muro–, la caída de ese muro, entraña una gran lección. Durante años y años nos invitaron a bailar salsa a ritmo del Titanic, y ahora se ven las consecuencias.

En el fondo lo que hay es una pérdida notoria de poder y autoridad del dueño de la finca. Estados Unidos está viviendo lo que es, quizá, la peor crisis de su historia. Es el mejor momento para recuperar la independencia perdida.

14 de marzo de 2009

El desafío de América Latina

Hace más de un milenio, mucho antes de la conquista europea, una civilización perdida floreció en un área que conocemos ahora como Bolivia.

Los arqueólogos están descubriendo que Bolivia tenía una sociedad muy sofisticada y compleja, o, para usar sus palabras, uno de los medios ambientes artificiales más grandes, extraños y ecológicamente más ricos del planeta... sus poblaciones y ciudades eran grandes y formales, y eso creó un panorama que era una de las obras de arte más grandes de la humanidad.

Ahora Bolivia, junto con buena parte de la región, desde Venezuela hasta Argentina, ha resurgido. La conquista y su eco de dominio imperial en Estados Unidos están cediendo el paso a la independencia y a la interdependencia que marcan una nueva dinámica en las relaciones entre el norte y el sur. Y todo eso tiene como telón de fondo la crisis económica en Estados Unidos y en el mundo.

Durante la pasada década, América Latina se ha convertido en la región más progresista del mundo. Las iniciativas a través del subcontinente han tenido un impacto significativo en países y en la lenta emergencia de instituciones regionales.

Entre ellas figuran el Banco del Sur, respaldado en 2007 por el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, en Caracas, Venezuela; y el Alba, la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe, que podría demostrar ser un verdadero amanecer si su promesa inicial puede concretarse.

El Alba suele ser descrito como una alternativa al Tratado de Libre Comercio de las Américas patrocinado por Estados Unidos, pero los términos son engañosos. Debe ser entendido como un desarrollo independiente, no como una alternativa. Y además, los llamados acuerdos de libre comercio tienen sólo una limitada relación con el comercio libre, o inclusive con el comercio en cualquier sentido serio del término.

Y ciertamente no son acuerdos, al menos si las personas forman parte de sus países. Un término más preciso sería acuerdos para defender los derechos de los inversionistas, diseñados por corporaciones multinacionales y bancos y estados poderosos para satisfacer sus intereses, establecidos en buena parte en secreto, sin la participación del público, o sin que tengan conciencia de lo que está ocurriendo.

Otra prometedora organización regional es Unasur, la Unión de Naciones de América del Sur. Modelada en base a la Unión Europea, Unasur se propone establecer un Parlamento sudamericano en Cochabamba, Bolivia. Se trata de un sitio adecuado. En 2000, el pueblo de Cochabamba inició una valiente y exitosa lucha contra la privatización del agua. Eso despertó la solidaridad internacional, pues demostró lo que puede conseguirse a través de un activismo comprometido.

La dinámica del Cono Sur proviene en parte de Venezuela, con la elección de Hugo Chávez, un presidente izquierdista cuya intención es usar los ricos recursos de Venezuela para beneficio del pueblo venezolano en lugar de entregarlos para la riqueza y el privilegio de aquellos en su país y el exterior. También tiene el propósito de promover la integración regional que se necesita de manera desesperada como prerequisito de la independencia, para la democracia, y para un desarrollo positivo.

Chávez no está solo en esos objetivos. Bolivia, el país más pobre del continente, es tal vez el ejemplo más dramático. Bolivia ha trazado un importante sendero para la verdadera democratización del hemisferio. En 2005, la mayoría indígena, la población que ha sufrido más represiones en el hemisferio, ingresó en la arena política y eligió a uno de sus propias filas, Evo Morales, para impulsar programas que derivaban de organizaciones populares.

La elección fue solamente una etapa en las luchas en curso. Los tópicos eran bien conocidos y graves: el control de los recursos, los derechos culturales y la justicia en una compleja sociedad multiétnica, y la gran brecha económica y social entre la gran mayoría y la elite acaudalada, los gobernantes tradicionales.

En consecuencia, Bolivia es también ahora el escenario de la confrontación más peligrosa entre la democracia popular y las privilegiadas elites europeizadas que resienten la pérdida de sus privilegios políticos y se oponen por lo tanto a la democracia y a la justicia social, a veces de manera violenta. De manera rutinaria, disfrutan del firme respaldo de Estados Unidos.

En septiembre pasado, durante una reunión de emergencia de Unasur en Santiago, Chile, líderes sudamericanos declararon su firme y pleno respaldo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales, cuyo mandato fue ratificado por una gran mayoría, aludiendo a su victoria en el reciente referéndum.

Morales agradeció a Unasur, señalando que por primera vez en la historia de América del Sur, los países de nuestra región están decidiendo cómo resolver sus problemas, sin la presencia de Estados Unidos.

Estados Unidos ha dominado desde hace mucho la economía de Bolivia, especialmente mediante el procesamiento de sus exportaciones de estaño.

Como el experto en asuntos internacionales Stephen Zunes señala, a comienzos de la década de los años 50, en un momento crítico de los esfuerzos de la nación para convertirse en autosuficiente, el gobierno de Estados Unidos obligó a Bolivia a utilizar su escaso capital no para su propio desarrollo, sino para compensar a ex dueños de minas y repagar su deuda externa.

La política económica que se impuso a Bolivia en esa época fue precursora de los programas de ajuste estructural implementados en el continente 30 años más tarde, bajo los términos del neoliberal Consenso de Washington, que ha tenido por lo general efectos desastrosos.

Ahora, las víctimas del fundamentalismo del mercado neoliberal incluyen también a países ricos, donde la maldición de la liberalización financiera ha traído la peor crisis financiera desde la gran depresión.

Las modalidades tradicionales del control imperial –violencia y guerra económica– se han aflojado. América Latina tiene opciones reales. Washington entiende muy bien que esas opciones amenazan no sólo su dominación en el hemisferio, sino también su dominación global. El control de América Latina ha sido el objetivo de la política exterior de Estados Unidos desde los primeros días de la república.

Si Estados Unidos no puede controlar América Latina, no puede esperar concretar un orden exitoso en otras partes del mundo, concluyó en 1971 el Consejo Nacional de Seguridad en la época de Richard Nixon. También consideraba de importancia primordial destruir la democracia chilena, algo que hizo.

Expertos de la corriente tradicional reconocen que Washington sólo ha respaldado la democracia cuando contribuía a sus intereses económicos y estratégicos. Esa política ha continuado sin cambios, hasta el presente.

Esas preocupaciones antidemocráticas son la forma racional de la teoría del dominó, en ocasiones calificada, de manera precisa, como la amenaza del buen ejemplo. Por tales razones, inclusive la menor desviación de la más estricta obediencia es considerada una amenaza existencial que es respondida de manera dura. Eso va desde la organización del campesinado en remotas comunidades del norte de Laos, hasta la creación de cooperativas de pescadores en Granada.

En una América Latina con una flamante autoconfianza, la integración tiene al menos tres dimensiones. Una es regional, un prerrequisito crucial para la independencia, que dificulta al amo del hemisferio escoger países, uno después de otro. Otra es global, al establecer relaciones entre sur y sur y diversificar mercados e inversiones. China se ha convertido en un socio cada vez más importante en los asuntos hemisféricos. Y la última es interna, tal vez la dimensión más vital de todas.

América Latina es famosa por la extrema concentración de riqueza y de poder, y por la falta de responsabilidad de las elites privilegiadas con respecto al bienestar de sus países.

América Latina tiene grandes problemas, pero hay también desarrollos prometedores que podrían anunciar una época de verdadera globalización. Se trata de una integración internacional en favor de los intereses de pueblo, no de inversionistas y de otras concentraciones del poder.

(Los ensayos de Noam Chomsky sobre lingüística y política acaban de ser recolectados en The Essential Chomsky, editados por Anthony Arnove y publicados por The New Press. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts de Cambridge).
Artículo escrito por Noam Chomsky y publicado el 14 de marzo de 2009 en La Jornada.

16 de febrero de 2009

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Tomado de ffffound.com

14 de febrero de 2009

Que se vayan todos

Al mirar la muchedumbre en Islandia que golpeó cacerolas y sartenes hasta que su gobierno cayó, me acordé de una popular consigna en los círculos anticapitalistas en 2002: “Tú eres Enron. Nosotros somos Argentina”.

Su mensaje era sencillo. Ustedes –los políticos y ejecutivos en jefe apiñados en alguna cumbre comercial– son como los imprudentes y estafadores ejecutivos de Enron (claro, no conocíamos ni la mitad de la historia). Nosotros –la chusma de afuera– somos como el pueblo de Argentina, el cual, en medio de una crisis económica inquietantemente parecida a la nuestra, salió a las calles golpeando cacerolas y sartenes. Ellos gritaron, “que se vayan todos”, y expulsaron a cuatro presidentes, uno tras otro, en menos de tres semanas. Lo que hizo único al levantamiento argentino de 2001-2002 fue que no estaba dirigido a un partido político en particular o siquiera a la corrupción en abstracto. El blanco fue el modelo económico dominante; ésta fue la primera revuelta nacional contra el capitalismo contemporáneo desregularizado.

Se llevó un rato, pero desde Islandia a Lituania, desde Corea del Sur a Grecia, el resto del mundo finalmente tiene su momento “¡que se vayan todos!”.

Las estoicas matriarcas islandesas que golpean sus cacerolas incluso mientras sus hijos saquean el refrigerador en busca de proyectiles (huevos, claro, pero, ¿yogurt?) hacen eco de las tácticas que se hicieron famosas en Buenos Aires. Así como lo hace la rabia colectiva contra las elites que destrozaron un país que alguna vez fue próspero y pensaron que se podrían salir con la suya. Como dijo Gudrun Jonsdottir, oficinista islandés de 36 años: “Simplemente ya me harté. No confío en el gobierno, no confío en los bancos, no confío en los partidos políticos y no confío en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Teníamos un buen país, y lo arruinaron”.

Otro eco: en Reykjavik, no van a convencer a los manifestantes con un simple cambio de cara en las alturas (aunque la nueva primera ministra sea una lesbiana). Quieren asistencia para la gente, no sólo para los bancos; una investigación penal de la debacle; y una profunda reforma electoral.

En Lituania, en estos días, se pueden escuchar demandas similares. Ahí, la economía se ha contraído más bruscamente que en ningún otro país de la Unión Europea, y el gobierno se tambalea. Durante semanas, el capital ha sido sacudido por las protestas, que incluyeron un verdadero disturbio con la gente lanzando adoquines, ocurrido el 13 de enero.

Como en Islandia, los habitantes de Lituania están horrorizados con la negativa de sus líderes de asumir alguna responsabilidad en su desastre. Cuando Bloomberg TV le preguntó al ministro de Finanzas de Lituania qué ocasionó la crisis, se encogió de hombros: “Nada especial”.

Pero los problemas de Lituania por supuesto que son especiales: las mismas políticas que permitieron que el Tigre Báltico creciera a una tasa de 12 por ciento en 2006 ahora provocan una violenta contracción a 10 por ciento proyectado para este año: el dinero, liberado de todas las barreras, sale tan rápido como entra, con una buena cantidad desviada a los bolsillos políticos. (No es coincidencia que muchos de los casos perdidos de hoy son los milagros de ayer: Irlanda, Estonia, Islandia y Lituania.)

Hay algo más argentinesco en el aire. En 2001, los dirigentes de Argentina respondieron a la crisis con un brutal paquete de austeridad prescrito por el FMI: 9 mil millones de dólares en recortes al gasto, mucho del cual golpeaba a la salud y la educación. Esto resultó ser un error fatal. Los sindicatos llevaron a cabo una huelga general, los maestros trasladaron sus clases a las calles y las protestas nunca se detuvieron.

Este mismo rechazo –que proviene de abajo y se dirige a los de arriba– a pagar por la crisis unifica muchas de las protestas de hoy. En Lituania, mucha de la rabia popular se enfoca en las medidas de austeridad gubernamentales –despidos masivos, servicios sociales reducidos y salarios del sector público recortados–, todo para tener derecho a un préstamo de emergencia del FMI (no, nada ha cambiado). En Grecia, los disturbios en diciembre ocurrieron después de que la policía le disparó a un joven de 15 años. Pero lo que ha hecho que continúen, con los granjeros asumiendo el liderazgo después de los estudiantes, es el enojo generalizado ante la respuesta gubernamental a la crisis: los bancos recibieron un rescate de 36 mil millones de dólares mientras que a los trabajadores les recortaron sus pensiones y los granjeros recibieron prácticamente nada. A pesar del inconveniente de tener a los tractores cerrando las carreteras, 78 por ciento de los griegos dice que las demandas de los granjeros son razonables. De modo similar, en Francia, la reciente huelga general –provocada, en parte, por los planes del presidente Sarkozy de reducir drásticamente el número de maestros– obtuvo el apoyo de 70 por ciento de la población.

Quizá el hilo más fuerte y resistente que conecta este contragolpe global es el rechazo de la lógica de las “políticas extraordinarias” –la frase fue acuñada por el político polaco Leszek Balcerowicz para describir cómo, en una crisis, los políticos pueden ignorar las reglas legislativas y aprobar a toda prisa “reformas” impopulares. Este truco ya no les funciona, como descubrió recientemente el gobierno de Corea del Sur. En diciembre, el partido gobernante intentó usar la crisis para aprobar a la fuerza un controvertido acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Llevaron la política a puertas cerradas a nuevos extremos: los legisladores se encerraron en la Cámara para poder votar en privado, e hicieron una barricada en la puerta con escritorios, sillas y sillones.

Los políticos de la oposición no lo aceptaron: con mazos y una sierra eléctrica, irrumpieron y tomaron durante 12 días el Parlamento. La votación se retrasó, lo cual permitió que hubiera más debate. Fue una victoria de un nuevo tipo de “política extraordinaria”.

En Canadá, la política no se presta para ser vista en YouTube, pero aun así ha estado asombrosamente llena de incidentes. En octubre, el Partido Conservador ganó las elecciones nacionales con una plataforma que no era ambiciosa. Seis semanas más tarde, nuestro primer ministro Tory encontró su ideólogo interno y presentó una iniciativa presupuestal que le quitaba a los trabajadores del sector público el derecho a huelga, cancelaba los fondos públicos destinados a los partidos y no contenía estímulos económicos. La respuesta de los partidos de la oposición fue formar una coalición histórica, que sólo se logró impedir que tomara el poder mediante una abrupta suspensión del Parlamento. Los Tories acaban de regresar con un presupuesto revisado: las políticas favoritas de la derecha desaparecieron y está lleno de estímulos económicos.

El patrón es evidente: los gobiernos que ante una crisis creada por la ideología del libre mercado respondan con una aceleración de esa misma agenda desacreditada, no sobrevivirán para contarlo. Como los estudiantes italianos, gritan en las calles: “¡No pagaremos su crisis!”
Copyright 2009 Naomi Klein. www.naomiklein.org
El texto fue publicado en The Nation.
Traducción: Tania Molina Ramírez.

Patentando calabazas

Por Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC. Publicado en La Jornada.

Una empresa semillera estadunidense presentó una solicitud para patentar las calabazas. ¿Suena a cuento? Lamentablemente, si la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos (USPTO) concede la patente US20080301830, la realidad habrá superado nuevamente a la ficción.

La empresa Siegers Seed Company, con base en Michigan, Estados Unidos, pretende lograr el monopolio sobre todas las calabazas que tengan alguna rugosidad (como verrugas) en la cáscara. Esto comprende muchísimas de las calabazas de mayor consumo en el mundo. La solicitud fue publicada el 4 de diciembre 2008, y aún no ha sido finalmente otorgada, pero pone al descubierto lo arbitrario y absurdo del sistema de patentes.

Siegers Seed Company presentó 25 puntos reclamando el monopolio sobre estas calabazas. Por ejemplo, sobre las que tengan una o más verrugas que cubran de 5 a 50 por ciento de su superficie y todas las que tengan determinadas formas, medidas y colores de esas rugosidades. También reclaman el monopolio sobre variedades específicas (Cucurbita maxima y Cucurbita pepo) que tengan verrugas, lo cual incluye las calabazas anaranjadas, el zapallo, calabacín, calabaza italiana, calabazas de cubierta dura (jícaras) y otras. Los reclamos abarcan la planta entera, la semillas y el tejido de cualquiera que cumpla con esas condiciones. Por si fuera poco, la solicitud también reclama que este monopolio se aplique a los predios donde cualquiera de estas calabazas se encuentren presentes de 10 a 75 por ciento.

Una patente no es más que un pedazo de papel en el cual una oficina de patentes concede al solicitante el monopolio exclusivo de un “invento” por 20 años –y la fuerza legal para ejercerlo. Para ello, el solicitante tiene que demostrar que lo que intenta patentar es nuevo, es inventado y tiene utilidad industrial. Las calabazas, zapallos, calabacines, etcétera, o sea todas las cucurbitáceas, tienen centro de origen en México y otras zonas de América del Norte. Han sido adaptadas desde hace 10 mil años, con enorme diversidad –que por supuesto incluye las rugosidades de la cáscara– por las y los campesinos e indígenas de esa región, proceso que continúa hasta nuestros días. Por lo tanto, todos los reclamos de Siegers Seed Company no son más que clarísima y ramplona biopiratería. El Grupo ETC y otros, incluyendo cultivadores y vendedores de calabazas en Estados Unidos, han enviado numerosas evidencias a la USPTO demandando que no se otorgue esta patente. Lo lógico sería que la USPTO la denegara, por tener una amplia historia de “arte previo” –así se llama cuando algo no es nuevo ni inventado, en la jerga del sistema de patentes.

Sin embargo, aunque parezca absurdo, hay riesgo de que la USPTO otorgue esta patente. Baste recordar otro caso similar: en 1999 concedió a Larry Proctor, en Colorado, Estados Unidos, una patente monopólica sobre los frijoles amarillos mayocoba, llamados “Enola” en la patente. Pese a que era obvio y existe abundante documentación mostrado que esos frijoles son una variedad campesina desde hace cientos de años, Proctor obtuvo la patente e inició demandas contra cualquiera que intentara venderlos en Estados Unidos, asestando un certero golpe económico a todos los exportadores mexicanos de ese frijol y a los importadores en el país vecino. El año pasado, se logró, luego de años de denuncias públicas y varias engorrosas y costosísimas demandas, que la USPTO declarara nula esa patente, pero aún podría haber una apelación de parte de Proctor. Mientras tanto, escudado en la injusticia, viene ejerciendo el monopolio de mercado sobre estos frijoles amarillos desde hace 10 años, la mitad del tiempo de validez de una patente que nunca debió existir. Siguiendo el mismo camino, aún sin tener la respuesta final de la USPTO, la Siegers Seed Company ya envió cartas a productores de semillas de calabaza, reclamando su monopolio.

Son sólo dos ejemplos, particularmente claros, entre miles de casos de biopiratería sobre semillas, plantas, microbios y conocimiento indígena sobre ellos. Lo que ponen de manifiesto es que el sistema de patentes en totalidad y de origen, está construido para favorecer a los privatizadores, legalizando el robo social que implica toda forma de patentamiento. Todas las formas de conocimiento (todas las semillas son producto de un vasto y sofisticado conocimiento colectivo) siempre han tenido y tienen una base colectiva y abierta, mientras que las patentes otorgan monopolios excluyentes a personas, empresas o instituciones. Quienes argumentan que es posible combatir estos despojos patentando antes que otros lo hagan, están apenas colaborando con el mismo sistema. La forma de combatirlos realmente es terminar con los sistemas de “propiedad” intelectual, un absurdo que de tanto repetirlo, parece que fuera normal.

8 de febrero de 2009

Indígenas: las herencias de la desigualdad

Artículo escrito por Carlos Monsiváis y publicado el 8 de febrero de 2009 en El universal.
Si algo se transparenta desde 1994 son las evidencias del racismo en México. Ser indio —pertenecer a comunidades a las que así se identifica por prácticas endogámicas, idioma muy minoritario y costumbres “premodernas”— es participar de la perpetua desventaja, de la segregación que “promueve” el aspecto.
Los que niegan el racismo suelen alegar, o solían alegar, el ascenso social de personas con rasgos indígenas muy acusados, pero ninguno de estos indios-a-simple-vista es hoy secretario de Estado, gobernador, político destacado, empresario de primera o simplemente celebridad. (Una excepción, y qué excepción: Mario Marín, el góber precioso que ya con eso “blanqueó” su apariencia.) Esto, para ya no hablar de las indígenas. En su novela Invisible Man, Ralph Ellison describe cómo el prejuicio sobre el color de la piel borra lo singular de las personas, las despoja de su imagen, las deshumaniza. Lo que vuelve indistinguible a un negro de otro negro es el desprecio que la sociedad racista les profesa. Algo semejante sucede desde la Conquista con los indios de México.

¿Por qué no? Ya se sabe: son primitivos, desconocen la maravilla de los libros (al igual que la mayoría de los racistas), son paganos aunque finjan de la catolicidad sin mezclas y se les considera eternos menores de edad, como lo ratifican las instituciones (apenas en 2003 se cancela el Instituto Nacional Indigenista, INI, “tutor” de millones de personas). De acuerdo a este criterio, no se les margina: han nacido fuera y su actitud pasiva sólo confirma su lejanía.
Pertenecer a “la raza vencida” le niega a los indígenas “la posibilidad de desarrollo”. Otras limitaciones: la lengua “extraña” que sólo una minoría comparte, la inermidad educativa, el arrinconamiento en zonas de la depredación ecológica, el alcoholismo, el caciquismo, las inevitables riñas internas, el caciquismo indígena, el aislamiento cultural profundo. Si el sometimiento de los indígenas viene de la Conquista, no obstante las rebeliones esporádicas y sus aplastamientos, el régimen del PRI sacraliza la fatalidad. En 1948, Alfonso Caso, fundador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del INI, define con ligereza tautológica el sujeto de sus encomiendas:

“Es indio todo individuo que se siente pertenecer a una comunidad indígena, (...) aquella en que predominan elementos somáticos no europeos, que habla preferentemente una lengua indígena, que posee en su cultura material y espiritual elementos indígenas en fuerte proporción y que, por último, tiene un sentido social de comunidad aislada dentro de las otras que la rodean, que la hace distinguirse asimismo de los pueblos de blancos y mestizos”.

Indio es el que vive en el mundo indígena, así de preciso es don Alfonso Caso. El mestizo tiene en proporción definida “elementos somáticos europeos”, lo que, de acuerdo a esta argumentación, en algo lo redime. “Todavía se les nota lo indio, pero ya hablan un español reconocible”. En este universo a la miseria económica la complementa la degradación moral, o como se llame a la incesante bruma de borracheras, violencia y tratamiento brutal a las mujeres en ámbitos cercanos al apartheid. La opresión margina, así los ladinos la califiquen de muy voluntaria y emitan su dictamen: “Los indios están así porque quieren”.

Versiones nacionales de lo indígena

La primera versión impuesta de lo indígena es la de la Conquista, que informa con abundancia de la facilidad de la victoria hispánica, esto es, de atraso, barbarie, paganismo. Y tres siglos pasan entre alabanzas marginales a ciudades y obras de arte de los indígenas, y entre condenas de su desconocimiento de Dios. La impresión primera se vuelve estrategia de sojuzgamiento. Si son indios, o descendientes de indios, nunca serán dignos de confianza.

Ya en los albores de la Independencia Fray Servando Teresa de Mier protesta contra esta idea trituradora “porque no puede sufrir que los españoles nos llamen, como suelen hacerlo, cristianos nuevos, hechos a punta de lanza, y que no hemos merecido de Jesucristo una ojeada de misericordia, sino después de 16 siglos entre la esclavitud, el pillaje, la desolación y la sangre”. Y el primero en intentar otra visión del indígena luego de la Independencia es Francisco Pimentel (1823-1893) en su Memoria sobre las causas que han originado la situación actual de la raza indígena de México y medios para remediarla (1864).

Pimentel, como examinan Luis Villoro y Manuel M. Marzal, anticipa el gran lugar común del indigenismo. Al cabo de medio siglo de independencia, “hay dos pueblos diferentes en el mismo terreno; pero lo que es peor, dos pueblos hasta cierto punto enemigos”. Item más: los indígenas están degradados y segregados en lo social y lo religioso, ya que, a causa de sus creencias, “no tienen de católicos más que ciertas formas externas”. Se les discrimina y se les desprecia. ¿A qué conduce esto? A que “mientras los naturales guarden el estado que tienen, México no puede aspirar al rango de nación propiamente dicha”, al ser una nación “una reunión de hombres que profesan creencias comunes, que están dominados por una misma idea y que tienden a un mismo fin”.

Al diagnóstico, sucede en Pimentel el remedio abrupto que llega hasta el día de hoy. Si el mestizo es capaz, agudo y de fácil comprensión, el tónico lo bastante activo para elevar al indio a la vida civilizada es la renuncia a su condición cultural, su conversión al mestizaje. “Debe procurarse… que los indios olviden sus costumbres y hasta su idioma mismo, si fuera posible. Sólo de ese modo perderán sus preocupaciones y formarán con los blancos una masa homogénea, una nación verdadera”. ¿La técnica para lograrlo? Instrucción católica, supresión del sistema que aísla a las comunidades, adquisición por los indios (a precios bajos) de la tierra excelente de las grandes haciendas y escolarización. Además, como recapitula Marzal, debe favorecerse la transformación biológica del indio en una raza mixta, fomentando para ello la inmigración europea. Francisco Pimentel plantea lo que será el programa de los liberales de avanzada y de los revolucionarios. A la mayoría de los liberales lo indígena se les presenta como peso muerto.

2 de febrero de 2009

Sin palabras

Ir a la guerra

Conversación del jerarca nazi Hermann Göring, mientras era juzgado en Nuremberg, con el psicólogo G.M.Gilbert, luego recogida en "Los diarios de Nuremberg":

GÖRING: Por supuesto, la gente no quiere guerra. ¿Por qué querría un pobre diablo en una granja arriesgar su vida en una guerra cuando lo mejor que puede conseguir es volver a su granja de una pieza? Naturalmente, la gente de a pie no quiere guerra; ni en Rusia ni en Inglaterra ni en América, ni por supuesto en Alemania. Eso se entiende. Pero, después de todo, son los líderes del país los que determinan la política y es siempre algo muy simple arrastrar al pueblo, tanto si es una democracia, o un regimen fascista, o un parlamento o una dictadura comunista.

GILBERT: Hay una diferencia. En una democracia, la gente tiene algo que decir al respecto mediante sus representantes electos, y en los Estados Unidos sólo el Congreso puede declarar guerras.

GÖRING: Oh, eso está todo muy bien, pero, con voz o no, el pueblo siempre puede ser arrastrados a los deseos de los líderes. Es fácil. Todo lo que tienes que decirles es que están siendo atacados, denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y poner al país en peligro. Funciona igual para todos los países.

¿Quién gobierna este país?

La pregunta es parte de una conferencia de Denise Dresser que parece no decir nada que no sepamos ya, pero vale como un contundente recordatorio de lo que somos: ciudadanos mudos gobernados por poderes económicos de facto, mientras el gobierno, que ya casi no lo es, se convierte en el capataz que cuida los intereses de una minoría.





Los pasos el monstruo



Un mapa interactivo que documenta el paso de Walmart por la unión americana, no puede sino remitirnos a la figura de un tumor que crece. La imagen podría ser la de una historia americana de éxito (y sin duda para muchos lo es) si no fuera por que con ello va la marcha del monopolio, la muerte de las "tiendas de mamá y papá", la inhibición de derechos laborales básicos y el sometimiento de pequeños productores a las reglas de uno. El signo de los tiempos.

Se puede ver aquí.

15 de enero de 2009

El legado

John Saxe-Fernández
http://jsaxef.blogspot.com
Ante el arribo de Barack Obama a la Casa Blanca, en medio de la más grave crisis humanitaria y económica desde la Gran Depresión, es hora de elaborar, de manera preliminar al menos, un inaplazable “corte de caja” ya que llega a su fin la primera década del siglo XXI con la pax americana en serio aprieto. La economía de Estados Unidos experimenta lo que sólo puede calificarse de “colapso integral” después de ocho años de aplicación de la más implacable guerra de clase a nivel doméstico e internacional, en la que se usaron como nunca antes instrumentos de Estado, civiles, militares y de seguridad, para favorecer intereses del capital monopólico/financiero bajo la sombrilla del free trade.

Linda J. Bilmes y Joseph E. Stiglitz (Harper’s, enero/2009) muestran que Bush/Cheney entregan al gobierno entrante una catástrofe económica estimada en 10 billones (trillions) de dólares, registrándose los mayores déficit fiscal, comercial y de deuda en la historia estadunidense e inusitados aumentos en desempleo e inflación, el desplome del ahorro y un debilitamiento de encadenamientos industriales de enorme magnitud, mientras el costo final de la genocida petroguerra y ocupación de Irak, según esos cálculos llega a los 3 billones: un descalabro económico con repercusiones históricas que acompaña la hecatombe humana, financiera y bancaria.

Vivimos un cambio de época que se acelera sin aparente límite de velocidad, y sin que la conciencia se percate de manera cabal del orden de magnitud de los vertiginosos procesos y acontecimientos y su vinculación con crímenes de lesa humanidad y eventos económicos y del entorno ecológico (calentamiento global) condición sine que non para el despliegue de los sucesos históricos sobre la corteza: el “momento monopolar” en la estructura de poder mundial gestado por el derrumbe de la URSS se desvaneció, aún antes de la catástrofe humana y militar desatada por la Casa Blanca de Bush/Cheney sobre la población iraquí y afgana.

El quebranto también es jurídico: ocurre en medio de un imperdonable cataclismo con más de un millón 200 mil bajas civiles en Irak. Ese ataque se hizo bajo las premisas de la “guerra de autodefensa anticipatoria”, anidada en la Doctrina Carter cuando éste proclamó en enero de 1980 ante el Congreso y el mundo que su país tenía “derecho” al uso de toda medida, incluso de la fuerza, para garantizar sus “intereses vitales”. Zbigniew Brzezinski, el asesor de seguridad de Carter, sabía que aquello era una réplica de la blitzkrieg nazi con los recursos naturales y humanos de Europa y Rusia en la mira.

La guerra contra Afganistán e Irak es, además, una debacle estratégico-militar y económica que, con la “guerra al terror” hizo añicos los anhelos de la Paz de Westfalia (1648) en el orden internacional y en especial de la normatividad gestada en torno al habeas corpus especificado en la Carta Magna inglesa hace 796 años, así como en los ordenamientos de los Juicios de Nuremberg y las convenciones de Ginebra. La ofensiva nazi-fascista persiste impune, en la tortura y en la implicación de Bush en la criminal agresión perpetrada por Israel contra el pueblo palestino: en ambos casos Obama debe deslindarse, empezando por girar una orden ejecutiva para cerrar Guantánamo. Fueron ocho años de ataque a la Constitución y el estado de derecho, en Estados Unidos y el orbe. Corresponde a la Corte Penal Internacional juzgar los crímenes de guerra de Bush/Cheney et al. En esto coinciden árabes y occidentales, con el endoso del público al gesto –zapatazo– del periodista Al-Zaidi para recordar a Bush los huérfanos y viudas de su carnicería en Irak.

Harold Pinter, en su conferencia magistral por el Nobel de 2005, con exactitud calificó ese genocidio como “un acto de bandolerismo, un acto de abierto terrorismo de Estado, que demuestra el desprecio absoluto por el concepto mismo del derecho internacional… un acto que intentó consolidar el control militar y económico de Estados Unidos sobre Oriente Medio”.

6 de enero de 2009

Salvemos a las tres grandes por ti y por mí

Miércoles 3 de diciembre de 2008. Amigos: Manejo un automóvil estadunidense. Es un Chrysler. Eso no implica respaldo o aprobación. Es más bien un grito pidiendo piedad. Ahora, en aras de la historia que lleva contándose por décadas y que vuelven a contar decenas de millones de estadunidenses, un tercio de los cuales no quiso recurrir a su país con tal de encontrar un maldito modo de ir a trabajar en algo que no se descomponga, les digo: mi Chrysler tiene cuatro años. Lo compré porque se mueve suave y es confortable. Daimler-Benz era dueño de la compañía en el momento y tuvo la buena gracia de colocar el chasis Chrysler sobre un eje Mercedes, y, caray, que dulce paseo.

Cuando podía arrancar.

Más de una docena de veces en estos años, el carro simplemente se murió. Se le cambiaba la batería, pero ése no era el problema. Mi pá también maneja el mismo modelo. Su carro se le murió muchas veces también. No arrancaba, y nunca había razón.

Hace unas semanas, llevé mi Chrysler a la concesionaria Chrysler de aquí del norte de Michigan –y las últimas reparaciones me costaron mil 400 dólares. A la mañana siguiente, el vehículo no quiso arrancar. Cuando lo pude echar a andar, la luz de alarma del freno se prendió y así estuvo prendiéndose a cada rato. A partir de lo que les cuento, ustedes podrían asumir que me importan un bledo estos ineptos fabricantes de chatarra automotriz con sede en Detroit. Pero sí me importan. Me preocupan los millones cuyas vidas y modos de ganarse la existencia dependen de estas compañías automotrices. Me preocupa la seguridad y la defensa de este país, porque el mundo se está quedando sin petróleo –y cuando éste se agote, la calamidad y el colapso que ocurrirán harán que la actual recesión/depresión parezca una comedia musical.

Me preocupa lo que pueda ocurrirle a las tres grandes porque son más responsables que nadie por la destrucción de nuestra frágil atmósfera y del diario derretimiento de las capas de hielo polar.

El Congreso debe salvar la infraestructura industrial que estas compañías controlan y los empleos que crean. Y debe salvar al mundo, del motor de combustión interna. Esa vasta y enorme red de fabricación podrá redimirse cuando construya transporte masivo y carros híbridos/eléctricos, y la clase de transportación que requerimos en el siglo XXI.

Por eso el Congreso debe lograr esto no otorgándole a GM, Ford y Chrysler los 34 mil millones de dólares que están pidiendo en “préstamos” (hace unos cuantos días querían 25 mil millones; así de estúpidos son: ni siquiera saben qué tanto realmente requieren para cubrir la nómina de este mes). Si ustedes y yo quisiéramos un préstamo del banco en esta forma, no sólo nos sacarían de una oreja, el banco nos pondría en una suerte de lista negra de calificaciones para futuros créditos.

Hace dos semanas, los ejecutivos de las tres grandes fueron emplumados con chapopote ante un comité del Congreso estadunidense que se burló de ellos de modo muy diferente a cuando las cabezas de la industria se presentaron dos meses antes. En ese momento, los políticos se tropezaban unos con otros en sus desmayos de extrema emoción por Wall Street y sus estafadores al estilo Carlo Ponzi* que cocinaron bizantinos modos de apostar con el dinero de otras personas mediante canjes de créditos sin regulación, conocidos en lengua vernácula común como unicornios y hadas.

Pero los muchachos de Detroit venían del Medio Oeste, del (¡yuk!), donde fabricaban cosas reales que los consumidores necesitaban y podían tocar y comprar, y que continuamente reciclaban dinero a la economía (¡qué horror!, produjeron sindicatos que crearon la clase media y me arreglaron los dientes gratis cuando tenía yo 10 años).

Por todo eso quienes encabezan la industria automotriz tuvieron que sentarse en noviembre y ser ridiculizados por viajar a la capital del país. Sí, volaron en los aviones de sus corporaciones, justo como los banqueros y los bandidos de Wall Street hicieron en octubre. Pero, ¡eey!, ¡eso estuvo OK! ¡Son los amos del universo! Nada sino las mejores carrozas para la gran finanza cuando se apresta a saquear el Tesoro de la nación.

Por supuesto los magnates de los automóviles fueron alguna vez los amos que dominaban el mundo. Le pulsaban el botón a todas las otras empresas que servían –el acero, el petróleo, los contratistas del cemento. Hace 55 años, el presidente de GM se sentó en Capitol Hill y abruptamente le dijo al Congreso, “lo que es bueno para General Motors es bueno para el país”. Porque, claro, ustedes vean, en su idea, General Motors era el país.

Qué largo y triste el caer de la gracia que presenciamos el 19 de noviembre cuando los tres ratones ciegos recibieron reglazos en los nudillos y luego los mandaron a casa a redactar un ensayo titulado “Por qué me deberían dar miles de millones de dólares en efectivo a cambio de nada”. También les preguntaron que si podrían trabajar por un dólar al año. ¡Tomen! ¡Qué Congreso tan grandioso y aguerrido tenemos! Miren que pedirle servidumbre por deuda a los (todavía) hombres más poderosos del mundo. Y esto, viniendo de un cuerpo sin columna vertebral que no se ha atrevido a enfrentarse a un desgraciado presidente ni a echar por tierra ninguna de las peticiones de fondos para una guerra que ni ellos ni el público estadunidense respalda. Increíble.

Déjenme expresar lo obvio: cada uno de los dólares que el Congreso les dé a estas tres compañías se irá por el escusado directamente. No hay nada que los equipos de administración de estas tres grandes vayan a hacer para convencer a la gente que salga en tiempos de recesión y compre sus grandes productos de pésima calidad, que además gastan enormidades de gasolina. Olvídenlo. Y así como seguro estoy de que los Leones de Detroit (propiedad de la familia Ford) no van a llegar al Super Bowl –nunca– les garantizo que después de que se quemen los 34 mil millones de dólares, regresarán por otros 34 mil millones el verano que entra.

Entonces, ¿qué hacer? Miembros del Congreso, he aquí lo que les propongo:

1. Transportar estadunidenses es y debería ser una de las más importantes funciones que nuestros gobiernos deberían resolver. Y como estamos ante una masiva crisis económica, energética y ambiental, el nuevo presidente y el Congreso deberían hacer algo parecido a lo que hizo Franklin Roosevelt cuando tuvo que encarar la crisis (y ordenó a la industria automotriz que dejara de producir automóviles y en cambio fabricara tanques y aviones): las tres grandes, de ahora en adelante deben producir sólo carros que no dependan del petróleo y, lo que es más importante, que fabriquen ferrocarriles, autobuses, metros y trenes ligeros (junto con un proyecto público a escala nacional que construya las vías para ellos). Esto no sólo salvará empleos sino que creará millones de nuevos trabajos.

2. Podrían comprar, todos ustedes, las acciones comunes de bolsa de General Motors por menos de 3 mil millones. ¿Por qué tenemos que darle a GM 18 mil millones o 25 mil millones por nada? ¡Con ese dinero compren la compañía! (De todos modos ustedes tendrían que exigir instrumentos colaterales si les conceden un “préstamo” y como sabemos que no podrán cumplir los pagos, al final serán dueños de la compañía. Así que por qué esperar. Compren ahora.

3. Ninguno de nosotros quiere que los funcionarios gubernamentales manejen una compañía de autos, pero hay algunos genios muy listos en transportación a los que podrían contratar. Necesitamos una especie de Plan Marshall que nos haga el cambio a vehículos que no dependan del petróleo y que nos lleve al siglo XXI.

Esta propuesta no es radical ni maneja ciencia de punta. Simplemente necesita de una de las personas más listas que han llegado a la presidencia del país para echarla a andar. Lo que propongo ya ha funcionado antes. El sistema de vías férreas estaba en ruinas en los años 70. El gobierno se lo apropió. Y 10 años más tarde tenía ganancias, así que el gobierno la regresó a una mezcla de participación privada/pública y obtuvo unos 2 mil millones de dólares que ingresaron a las arcas del Tesoro.

Esta propuesta salvará la infraestructura industrial –y millones de empleos. Lo más importante es que creará millones de nuevos empleos. Literalmente nos jalará para sacarnos de la recesión.

Por el contrario, ayer General Motors presentó su propuesta de restructuración al Congreso. Prometieron que si el Congreso les daba 18 mil millones de dólares, a cambio eliminarían unos 20 mil empleos. Están ustedes leyendo bien. Les damos miles de millones de dólares para que saquen a más estadunidenses de sus trabajos. Ésa ha sido su “gran idea” durante los últimos 30 años –correr a miles con tal de proteger sus ganancias. Pero nadie se ha puesto a pensar esta pregunta: Si sacan a todo mundo de sus empleos, ¿quién tendrá dinero para ir y comprar un carro?

Estos idiotas no merecen ni un quinto. Despídanlos a todos y adquieran la industria por el bien de los trabajadores, el país y el planeta. Lo que es bueno para General Motors es bueno para el país. Siempre y cuando quien mande sea el país.

Suyo, Michael Moore.

Traducción: Ramón Vera Herrera

* Inmigrante italiano que en los años 20 ideó fraudes muy rentables con fondos de inversión en Nueva York y cuyo nombre se le da hoy a este tipo de estafas. N del T.
Publicado el 13 de diciembre en La Jornada.

5 de enero de 2009

The trap

Documental de la BBC en tres partes, realizado por Adam Curtis (El poder de las pesadillas). Muestra el origen de la idea que tenemos actualmente de la libertad -maniquea, limitada y pocas veces cuestionada- resultado de ideas y técnicas de estrategas y matemáticos desarrolladas para controlar el comportamiento bélico soviético durante la Guerra Fría, adoptadas por los think tanks de los 80's en E.U. y el Reino Unido. Cruda disección de nuestro mundo dominado por la cultura del miedo, el mercantilismo desbordado y una felicidad alcanzada por medio de paliativos.
Nota: en el reproductor de Google, se puede escoger que se desplieguen los subtítulos junto al control de volumen.
Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

20 de diciembre de 2008

Breves reflexiones sobre la revuelta en Atenas

Artículo escrito por Mike Davis y publicado el 20 de diciembre en La Jornada

1. Pienso que nuestras sociedades están supersaturadas con rabia no reconocida, una que repentinamente puede cristalizar en torno a algún incidente aislado de abuso policiaco o de represión estatal. Aunque las semillas de la revuelta se han sembrado flagrantemente, la sociedad burguesa casi no reconoce que es su propia cosecha.

En Los Ángeles en 1992, por ejemplo, cada adolescente en las calles (o para el caso todo policía de turno, a pie) supo que venía el Armagedón. Las ensanchadas líneas de quiebre entre la juventud de las barriadas y el gobierno de la ciudad debieron haber sido visibles hasta para el más ingenuo de los observadores: arrestos masivos semanales, innumerables tiroteos de policías contra chavales desarmados, una indiscriminada caracterización de los jóvenes de color como gángsters, unos injuriantes dobles criterios de justicia, y así por el estilo. No obstante, cuando ocurrió la erupción, en la ola del veredicto de la corte que exoneraba al policía que casi había matado a Rodney King a golpes, las elites políticas y de los medios reaccionaron como si alguna fuerza secreta, impredecible, se hubiera desatado desde las profundidades de la Tierra.

Subsecuentemente, los medios (que sobrevolaban en helicópteros casi todos) intentaron manejar la percepción mundial del motín mediante la simplificación y el estereotipamiento drásticos: las pandillas de negros estaban en las calles incendiando y saqueando. De hecho, el veredicto en torno al caso Rodney King se volvió el núcleo respecto del cual diversos agravios se aglutinaron. De los miles arrestados pocos eran en realidad los miembros de pandillas y únicamente un tercio era siquiera afroestadunidense. La mayoría eran inmigrantes pobres o sus hijos, que fueron arrestados por robar pañales, zapatos y televisores de las tiendas locales. La economía de Los Ángeles estaba (aún está) en un profunda recesión y los barrios latinos pobres al oeste y al sur del centro de la ciudad fueron los más afectados, pero la prensa nunca había informado de su miseria existencial, así que casi se ignoró por completo la dimensión de “motín por pan” del levantamiento.

De modo semejante, en la Grecia actual, una atrocidad policiaca “normal” finalmente dispara un brote que se estereotipa como furia inexplicable y se culpa a los anarquistas de las sombras, cuando que, de hecho, “guerra civil de baja intensidad” es el término que mejor caracterizaría lo que desde hace mucho es la relación entre la policía y varios estratos de jóvenes.

2. No estoy calificado, en lo absoluto, para comentar la especificidad de las condiciones griegas, pero tengo la impresión de que hay importantes contrastes con la Francia de 2005. La segregación espacial de los jóvenes inmigrantes y pobres parece menos extrema que en París, pero las perspectivas de empleo para los muchachos pequeñoburgueses son considerablemente peores: la intersección de estas dos condiciones trae a las calles de Atenas a una coalición más diversa de estudiantes y jóvenes adultos desempleados. Más aún, heredan una continuada tradición de protesta y una cultura de la resistencia que es única en Europa.

3. ¿Qué demanda la juventud griega? Seguramente percibe con claridad implacable que la depresión mundial cancela las reformas tradicionales del sistema educativo y el mercado laboral. ¿Por qué habrían de tener fe alguna en la repetición seriada del Pasok (el Panellinio Sosialistiko Kinima o Movimiento Socialista Panelénico) y sus promesas rotas?

Pero sí, están ustedes en los cierto: ésta es una especie original de revuelta, prefigurada por los motines anteriores en Los Ángeles, Londres y París, pero que surge de un nuevo y más profundo entendimiento de que el futuro ya lo saquearon por adelantado. De hecho, ¿qué generación en la historia moderna (aparte de los hijos de la Europa de 1914) ha sido tan totalmente traicionada por los patriarcas?

Me angustia esta pregunta porque tengo cuatro hijos y aun el más joven entiende que su futuro puede ser radicalmente diferente que mi pasado. La cohorte de mi generación [los llamados bayboomers] le hereda a sus hijos una economía mundial rota, extremos de inequidad social que aturden, brutales guerras en las fronteras imperiales y un clima planetario fuera de control.

4. A Atenas se le mira ampliamente como la respuesta a la pregunta: “¿Y después de Seattle qué?” Recuerden las manifestaciones contra la OMC y la “batalla de Seattle” en 1999, que abrieron una nueva era de protestas no violentas y activismo de base; la tremenda popularidad de los Foros Sociales Mundiales; las demostraciones de protesta contra la invasión de Irak por Bush en 2003, que tenían la fuerza de millones de personas, y el amplio respaldo hacia los Acuerdos de Kyoto, todo esto auguraba una enorme esperanza de que un “mundo alterno” podía aún nacer.

Desde entonces, la guerra no ha terminado, las emisiones de gases con efecto invernadero aumentaron muchísimo y el movimiento del foro social ha languidecido. Un ciclo completo de protesta llegó a su fin justo en el momento en que estalló la caldera de Wall Street del capitalismo globalizado, y deja en su ola problemas más radicales y nuevas oportunidades para el radicalismo.

La revuelta en Atenas termina con la reciente sequía de rabia. Sus cuadros parecen tener muy poca tolerancia hacia las consignas esperanzadoras o las soluciones optimistas, lo que los distingue de las demandas utopistas de 1968 o el espíritu anhelante de 1999. Esta ausencia de demandas de reforma (y como tal, de cualquier manejo convencional de las protestas), por supuesto, es lo que es más escandaloso, no los cocteles molotov o las vitrinas rotas. No recuerda tanto a la izquierda estudiantil de los años 60 sino a las intransigentes revueltas del anarquismo de los descastados de Montmartre en la década de 1890 o del Barrio Chino de Barcelona a principios de la década de 1930.

Algunos activistas estadunidenses, por supuesto, consideran esto como la renovación de la protesta al estilo Seattle, con la cuota temporal de pasión mediterránea. Encaja con una idea de que “Obama-traerá-cambios”, en un paradigma de entendimiento que es una repetición de los movimientos de reforma política de los años 30 o los 60.

Pero otros jóvenes que conozco rechazan esta interpretación sacada de la manga. Se identifican a sí mismos (igual que los anarquistas de fin d’siecle) como una “generación condenada” y miran en las calles de Atenas la métrica apropiada de su propia rabia.

Hay el peligro, por supuesto, de sobrestimar la importancia de una erupción en un escenario nacional específico, pero el mundo se ha vuelto inflamable y Atenas es el primer chispazo.

Traducción: Ramón Vera Herrera.

10 de diciembre de 2008

Sobre la democracia

José Saramago habla sobre la democracia. En portugués, pero se entiende.

Flow

Avance del documental Flow, que muestra qué está pasando con el agua y los problemas que enfrentaremos en un futuro cercano.

9 de diciembre de 2008

Aumenta obesidad ligada a bebidas energéticas

En los últimos años el consumo de bebidas con contenido energético entre la población mexicana ha aumentado el número de casos relacionados con el sobrepeso y la obesidad, así lo revela un estudio hecho por el Instituto Nacional de Salud Pública, El Colegio de México y la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Carolina del Norte.

De acuerdo la investigación publicada por la revista científica The Journal of Nutrition este aumento ha modificado considerablemente la salud de los mexicanos al cambiar sus hábitos alimenticios.

El estudio menciona que el ascenso del 22% en el consumo de estos productos (refrescos, jugos, leche, alcohol) en los últimos siete años ha sido principalmente en los adolescentes y en los adultos.

Estos datos colocan a México en uno de los principales consumidores de estos productos, incluso por arriba de Estados Unidos.

Así mismo, los datos son equiparables con los obtenidos por el Instituto Nacional de Salud Pública y del Instituto Nacional de la Nutrición, al mencionar que el consumo de refrescos ha aumentado significativamente en un 40% en el país.

Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, señalo los resultados arrojados por este estudio muestran "las evidencias científicas deben llevar al desarrollo de políticas efectivas para combatir lo que es hoy el mayor problema de salud pública del país: la epidemia de obesidad y sus consecuencias en salud".

La organización miembro de Consumers International, del Consejo Latinoamericano y del Caribe de Organizaciones de Consumidores y de la Red por los Derechos de la Infancia, señaló que debe regularse la venta de alimentos al interior de las escuelas, prohibiendo la venta de bebidas con alto contenido energético.

Así mismo, recomendó que de forma paralela debe prohibirse la publicidad de este tipo de bebidas en los horarios infantiles y desarrollarse una campaña de orientación nutricional con base a las recomendaciones presentadas por el secretario de salud en febrero pasado.
Nota publicada el 9 de diciembre en El Universal.

27 de noviembre de 2008

Cambiar el mundo ya no es un deseo colectivo

A la pregunta de la opinión que hoy tendría Mafalda de la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, Quino respondió durante la conferencia de prensa: “Cuando dibujaba a Mafalda, cada idea me llevaba por lo menos cuatro horas de pensar, no pidas acá que te invente en dos minutos una respuesta de Mafalda.

“Ahora, como lo que decía Mafalda era lo que pensaba yo, diré que me asusta que todo mundo se lo está tomando como si hubiera llegado el mesías, esperando tener mejores relaciones con Estados Unidos gracias a Obama, y que sea más comprensivo de los problemas de América Latina o de África. Pero me da una alegría inmensa que por fin una afroamericano pueda acceder a la presidencia, es un paso gigante que nos devuelve un poco a todos la imagen de que Estados Unidos siempre ha sido muy liberal, en el buen sentido de la palabra.”

Se le hizo ver que actualmente hay muchos temas que Mafalda podría estar comentando.

Respondió: “Lo que pasa es que en el mundo los problemas se repiten en espiral, nunca en la misma forma. La época en que yo hacía Mafalda es irrepetible en tanto que estaban Los Beatles (que me siguen gustando), el Che Guevara, el papa Juan XXIII, Kennedy, el Mayo francés de 1968; el mundo estaba cambiando para mejor.

“Hoy esos ideales políticos se han diluido, el mismo sistema se ha encargado de absorber todas aquellas protestas; hoy lo que quieren los jóvenes es estudiar, salir de la universidad, tener un trabajo y que no se modifique nada para no perder ese trabajo. Esto me parece terrible, porque nadie en este momento piensa ya que el mundo va a cambiar para mejor. Entonces, en ese sentido es irrepetible aquella época.”

–¿Ya perdió las ilusiones?

–Sí, pero históricamente uno no puede perder las ilusiones, uno debe tener fe en que la humanidad va a ir mejorando, es una obligación creerlo aunque uno crea que es mentira. Uno no puede ser totalmente negativo, lo que pasa es que cuesta trabajo admitir que están dejando morir al África.

Fragmento de la nota publicada el 27 de noviembre de 2008 sobre la visita a México de Joaquín Salvador Lavado Tejón Quino, para la presentación de Mafalda inédita.

25 de noviembre de 2008

La Crisis 'Subprime'

Una divertida entrevista de John Bird y John Fortune, en The Last Laugh, es una sencilla explicación a la actual crisis financiera y es, a la vez, el más triste recordatorio de la esquizofrenia del libre mercado. Nuestro futuro económico en manos de vulgares especuladores.



Una explicación similar sobre la también llamada Crisis Ninja (No income, no job, no assets), se puede leer de Leopoldo Abadía.

20 de noviembre de 2008

Entrevista a Günter Wallraff

Günter Wallraff en entrevista con La Jornada: “me siento más cómodo con los vulnerables porque a diferencia de los poderosos viven la realidad, tienen opiniones realmente interesantes y mueven al mundo. Con ellos he aprendido que mi papel es, como en la física cuántica, el de un muy pequeño elemento de aceleración, que empuja a otros y a su vez es impelido por otros. Hacer periodismo encubierto para mí es una forma de contrainsurgencia, funciona para entender la realidad”.

El periodista indeseable visita México. Cabeza de turco (uno de sus libros representativos), conejillo de indias de la industria farmacéutica, disfrazado de lo más inimaginable para lograr reportajes que cambiaron al mundo, temido por los poderosos, amado por los desprotegidos, admirado por generaciones de periodistas, leído por multitudes, el maestro Günter Wallraff (Burscheid, Alemania, 1942) realizará una serie de actividades en México: impartirá un taller de periodismo encubierto, ofrecerá una conferencia de prensa, dictará una conferencia magistral en Bellas Artes, el martes 25, y otra en la Fundación Friedrich Ebert. Participará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Antes de abordar el avión, concedió la siguiente entrevista a La Jornada vía teléfonica desde su casa, lograda gracias a la colaboración de Jürgen Moritz.

El método del niño

–Su método de periodismo encubierto ¿lo asume usted como una forma de contrainsurgencia?, ¿enmascararse para desenmascarar al poder?

–Sí, funciona para entender mejor la realidad y para que pueda yo entrar directamente a los temas que elijo. Sucede que fui un muy mal estudiante, sobre todo en las materias teóricas; tenía que sentir una cosa para realmente entenderla. De manera que mi forma de trabajar es una parte de mi biografía. Pero también es un método para eludir la versión oficial, porque el discurso oficial nunca explica el tema, la realidad.

“Es necesario vivir el tema, la realidad, para entender. También es un juego. Es el método de un niño. Tener los ojos de un niño para ver el mundo como lo ve un niño, sentir como siente él, aprender como lo hace un niño. También, es divertido jugar a hacerse el tonto: así vas a escuchar cosas mucho más honestas y más duras porque el interlocutor cree que eres un tonto, y eso también forma parte del método. Por supuesto, para hacerte el estúpido no tienes que ser estúpido.”

–¿Qué significa para usted ser un periodista de pensamiento progresista o de izquierda, cuando el mundo ya es unipolar?

–Significa tener una utopía, todavía. Entender, tener la conciencia de que el mundo como es no puede seguir. No tiene futuro el mundo como es hoy día.

“Sin ser dogmático, sin ser cerrado, tienes que tener claro que eres solamente un elemento muy pero muy pequeño en el planeta. Eso viene de la física cuántica. Eres un muy pequeño elemento de aceleración. Estás empujando a alguien pero a ti también alguien te está impulsando. Ésa es tu función.

“Si juegas tu propio papel muchas veces no te percatas de que abrigas prejuicios. En cambio, si asumes un papel distinto enseguida te das cuenta de los prejuicios que puedes cultivar, y entonces cambias.”

Aprendizaje con los sin voz

–¿Asume entonces el periodismo como un servicio? ¿Dar voz a quien no la tiene? ¿Ponerse del lado de los desprotegidos?

—Sí, es importante dar voz a las personas que no tienen voz, pero también debes darte cuenta de que al ponerte del lado de los desprotegidos te colocas en un proceso continuo de aprendizaje. Aprendes de esas personas, y ésa es la manera en que el servicio social va y viene, es recíproca, fluye.

–Su colega Kapuscinski murió con una preocupación cara: los medios de comunicación, decía el maestro polaco, están cada vez más en manos de comerciantes y cada vez menos en manos de periodistas. ¿Comparte usted esta certeza?

–Ciertamente. Tuve además el privilegio de convivir con él, sobre todo en la década de los 80. Es para mí uno de los grandes maestros, no solamente del periodismo, sino de la actitud ante la vida. No solamente comparto su preocupación póstuma, veo cómo los intereses comerciales invaden el periodismo.

“Aunque en Alemania todavía tenemos una prensa crítica y una pluralidad en las opiniones, estamos en peligro permanente frente al funcionamiento de los medios de comunicación que cada vez más obedecen a un criterio solamente comercial y no periodístico.

“En los años 50 un famoso periodista del Frankfurter Allgemeine Zeitung dijo que la libertad de prensa es la libertad de los alrededor de los 200 dueños de los medios de comunicación. Si observamos esa cifra, hoy se ha reducido a tres, cinco megamultinacionales asentadas en Alemania. Lo que siempre se achacó, y con razón, al comunismo, de la opinión uniforme, ahora, en la concentración de las opiniones en el neoliberalismo parece revivir de otra manera.

“Observamos este fenómeno de una norma única, la moda de las opiniones únicas de los multimedios y la integración de una corriente dominante y, sobre todo, una tendencia de los medios de comunicación como entretenimiento y no como información. Hay algunos medios críticos, plurales, pero a veces funcionan para un público muy reducido, mientras la gran masa consume medios de comunicación que buscan formar personas tontas y no informadas o inteligentes. El modelo de entretenimiento de Estados Unidos contamina gravemente al resto del planeta en cuanto a medios de comunicación.”

–Al igual que lo hizo Kapuscinski hasta su muerte, usted, Günter Wallraff, ha mantenido ese sentido de humildad que hace grandes a los periodistas. ¿Cómo se logra ese control, esa verticalidad? Se lo pregunto porque sobran casos de periodistas que destacan para enseguida caer en las redes del poder,

–Una manera de evitar la coquetería que acostumbran los poderosos es tener amigos de distinta índole, es decir, no pertenecer a ningún grupo, ninguna corriente, ningún bloque identificable. También, interesarse realmente por la opinión de los demás, pero sobre todo acercarse a los más vulnerables. Eso te ayuda a entender muchas cosas muy interesantes que la gente en el poder no te puede ofrecer.

“Por supuesto que ser famoso o prominente acerca a muchos a la prostitución, a venderse por una ilusión de poder. Lo importante es mantenerse como una persona normal. Ser buena persona garantiza ser buen periodista. En lo personal me siento más cómodo con los vulnerables, con las minorías, porque esas personas, que viven en el intersticio de las culturas, tienen opiniones realmente interesantes, porque viven en la realidad, mientras los poderosos son muy aburridos, viven en la irrealidad.”

Publicado el 20 de noviembre de 2008 en La Jornada.