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10 de septiembre de 2009

El decrecimiento y el sentido común

Crecer ha sido el eje sobre el que los gobiernos y los idólatras del Mercado han hecho y quieren continuar haciendo girar la rueda de la sociedad. Sin embargo, como nos lo ha recordado Gustavo Esteva –un hombre de profundo sentido común– en La Jornada del 24 de agosto, pasado cierto umbral todo crecimiento se vuelve su contrario. Crecer, en la vida, significa alcanzar un punto al cabo del cual comienza ese deterioro que llamamos envejecimiento y que termina con la muerte. Lo mismo, no en el sentido de la naturaleza, sino de la patología, podríamos decir del cáncer: un crecimiento desmesurado de las células, un desbordamiento de la proporción en la cual las células se expresan como vida.
El crecimiento económico no escapa a esa realidad. Distinto al proceso de la vida, que es natural, aquél, al desbordar el límite en que la economía –el cuidado de la casa– es fuente de salud, ha seguido la lógica patológica del cáncer. Nada, en este sentido y a pesar de los cantos de sirena de los gobiernos que claman que hemos llegado al fondo de la crisis y que la economía se irá recuperando lentamente, escapa a ese mal. La crisis, para quienes vivimos no en el mundo abstracto de las cifras, sino en el de la realidad concreta de cada día, está allí con sus tremendos daños ecológicos, sus despidos, su reducción de empleos y lo que Iván Illich llamó “la pobreza modernizada”, es decir, la pobreza que nació del despojo de las formas vernáculas de vivir y producir en nombre del crecimiento, la pérdida de la capacidad de sobrevivencia de la gente: el rostro atroz de la miseria y el crimen.
Por desgracia, pocos, entre los profesionales del mundo moderno, atienden ese hecho. Empecinados en la creencia absurda de que se puede mantener un crecimiento perpetuo, las medidas que aplican van en el sentido de rearticularlo. Pero si el sentido común –“el más poco común de los sentidos”, dice la sabiduría popular–, que por fortuna todavía funciona en Gustavo Esteva y entre algunos intelectuales y académicos, no basta para mirarlo, las estadísticas, de las que tanto gustan los expertos, lo muestran desde otro ángulo. El consumo actual, dentro del modelo de crecimiento económico que nos llevó a la crisis, es enorme; equivale, entre otras causas por el uso indiscriminado de energía, a la degradación de 2.5 hectáreas por persona al año. Ante esa cifra de 2.5 –que fluctúa porque muchos habitantes consumen mucho menos y otros mucho más–, en Estados Unidos –el paradigma del crecimiento al que todos los países aspiran– cada habitante consume 9.5 hectáreas. Si, como el sueño demagógico de los gobiernos y de los neoliberales lo pretenden, los pobladores del mundo pudiéramos alcanzar ese crecimiento, se necesitarían cinco planetas del tamaño y de las condiciones de la Tierra para conseguirlo. Aun con los actuales índices de crecimiento a nivel global, en el orden de lo ecológico y de la miserabilización el planeta vive como podría vivir un canceroso.
México, por ejemplo, a fuerza de crecer ocupa actualmente el puesto número 106 en calidad del agua, cuyo consumo produce 2.2 millones de muertes por año en el mundo; el 64% de su suelo agrícola está degradado a fuerza de urbanización y de usos industriales; sus índices de criminalidad con fines económicos –venta de drogas, secuestros, robos, especulaciones financieras– tienen un crecimiento que amenaza con volverse exponencial. Etcétera.
Asomarse a las estadísticas que miran la vida en su conjunto, y no a aquellas, de nuestros economistas, que han decidido mirarla como un recurso para un crecimiento que sólo tiene sentido en las abstracciones de sus gráficas, es aterrador.
Contra ellas, el sentido común indica que debe aplicarse una política económica basada en el decrecimiento. En primer lugar, en la reducción del consumo superfluo, en el incentivamiento de las producciones autónomas y comunitarias, y en el reúso, el reciclado y el rechazo de todo aquello que signifique una mayor dependencia del Mercado y de las instituciones de servicio; en segundo lugar, como el propio Esteva lo propone, en el achicamiento del sector financiero, “que saquea al productivo y a la población y vive de la especulación”; en la negativa a la producción y el consumo de transgénicos, y en la estimulación del “cultivo campesino con semillas criollas, que se ampliaría hasta recuperar la autosuficiencia en los productos básicos”; en el recorte a “los salarios obscenos de funcionarios y dirigentes públicos y privados”; en la reducción, y si es posible la desaparición de los centros comerciales, y de los shopping malls, en favor de “la multiplicación de redes de establecimientos comerciales pequeños y medianos”; en limitar a los desarrollistas públicos y privados, para que puedan resurgir “las construcciones autónomas, con materiales locales y sentido de la proporción”.
Decrecer no es una aberración insoportable, como, contra toda evidencia, lo siguen creyendo los devotos del falso axioma de la economía moderna. Es, por el contrario, redescubrir esa verdad del sentido común, “vieja –decía Gandhi– como los cerros”, donde, en la proporción y el equilibrio, cuidar la casa sea habitar el gozo de una vida buena.
Escrito por Javier Sicilia, publicado en Proceso en línea.

7 de abril de 2009

Cuando el destino nos alcance

Konrad Lorenz, Premio Nobel de Fisiología y Medicina, fue el fundador de la Etología, que es la ciencia que se aplica al análisis del comportamiento de los hombres y los animales.

Lorenz renovó el estudio de la sicología del comportamiento, introduciendo la observación directa de la naturaleza. A diferencia de Freud, cuyos análisis de la conducta estaban inmersos en diversos estados de ansiedad, eligió estudiar el mundo salvaje de los animales. Para Lorenz, lo designado como odio, rabia, respeto, propiedad, etcétera, se traducía en agresividad, jerarquía, territorialidad, que él consideraba conductas innatas.

Estas conductas, llamadas instintivas, son independientes de la educación, las influencias sociales, la experiencia, etcétera, o sea, son independientes de influencias adquiridas por la interacción con el exterior. Esta posición científica dio lugar a los llamados reflexólogos, quienes mostraron que varios movimientos son independientes de influencias externas, ya que son respuestas producidas internamente por el sistema nervioso central, y esto, según ellos, genera las llamadas conductas apetitivas necesarias para las expresiones instintivas.

Irenäus Eibl-Eibesfeldt fue quizás uno de los discípulos más distinguidos de Lorenz y el que estableció la disciplina de la Etología Humana. Este etólogo, también austriaco, demostró que entre los niños ciegos y sordos había los mismos movimientos reflexos y mímicas expresivas de cólera, alegría, tristeza, desaprobación, que en los niños sin discapacidades.

En 1961, Eibl-Eibesfeldt, en un magnífico artículo, señaló que los animales de la misma especie, cuando tienen confrontaciones agresivas, protegen a su especie mediante señales de derrota que sólo son reconocidas por ellos y no terminan una pelea matando a su contrincante. Lo esencial es la protección de la especie y representa una conducta instintiva. Si bien es posible que haya excepciones a esta regla, la primera de ellas, desde luego, es el hombre. El ser humano tiene esta característica de no respetar a su propia especie y el nivel de agresión hacia sus similares es altamente frecuente.

Según Eibl-Eibesfeldt, si se suprimiera la agresividad que él considera una fuerza motriz importantísima del desarrollo cultural, esto implicaría la desaparición del espíritu de iniciativa y significaría robar a la especie su gusto por la lucha y su voluntad de vivir.

Para contrariar a Freud, quien pensaba que el sexo era la principal preocupación de la especie humana, en la historia de la humanidad pocos hombres han muerto por amor, pero millones lo han hecho por defender a su patria.

Si bien es cierto que estos conceptos puedan regir a las sociedades en general, hay algunas características del ser humano que son enormemente desdeñables, y entre ellas está la arrogancia y el desprecio que manifiesta una agresividad mal orientada y característica, muy frecuente de los burócratas mexicanos.

En descargo, podría señalar que quizás sea característico de los burócratas en general, pero como no he tenido muchas experiencias con ellos fuera de México, me tendré que referir a los de aquí, de nuestro país. Me pregunto, ¿por qué un servidor público requiere mostrar la peor faceta de su personalidad para enfrentarse al público en general? La gran mayoría de los funcionarios públicos, chicos, medianos o grandes, se suben a un ladrillo de 15 milímetros y se marean y se sienten como si servir o atender a un ciudadano común y corriente no estuviera a su altura, y, desde luego, si el ciudadano es pobre y desamparado, pues su presencia para solicitar o exigir sus derechos se considera totalmente fuera de lugar. No sea, sin embargo, un influyente papanatas, entonces la arrogancia se transforma en servilismo asqueroso.

Lorenz decía que todos los animales atacan a aquellos que perciben como diferentes. Será que un servidor público ve a un desamparado, a un pobre, a un angustiado, como diferente y lo arremete, mientras a un influyente lo ve como igual y le sirve. ¿Qué no todos somos ciudadanos y nos merecemos el mismo respeto? ¿Será que nos vemos intimidados por la pobreza, la falta de recursos, la ignorancia, la humildad de unos, pero nos sentimos dominados por el poder, el buen ver y la riqueza de otros, a tal grado de que despreciamos a los primeros y nos hincamos frente a los segundos?

En un país como el nuestro, donde las condiciones particulares de los pasados 20 años han generado cada vez más pobres, es lacerante y lastimoso ver cómo a los millones que están en condiciones inaceptables para una sociedad, a los más desamparados, se les trata con desprecio por una clase política de inmensa mediocridad y una clase de burócratas que no entiende que el cerebro despertará y el cuerpo terminará por ya no aguantar un destino no merecido. Y, como en aquella película, Cuando el destino nos alcance, esperaría un giro de actitudes que impida un destino no deseado y menos aún merecido por millones de mexicanos.
Artículo escrito por René Drucker Colín, publicado el 7 de abril de 2009 en La Jornada.

15 de octubre de 2008

El viaje del diamante

Diamond matters. Tue journey of a diamond es un recorrido del fotoperiodista Kadir van Lohuizen por la irónica realidad de un negocio de unos 8.4 billones de dólares al año. Dicho valor es respaldado por el trabajo infrahumano de mineros africanos (jóvenes sumergidos 10 metros en el agua por dos horas consecutivas, familias enteras trabajando seis días a la semana, hombres que viven en tiendas al lado de las minas) y aprovechado por las grandes casas joyeras de occidente. El trayecto –que toca nueve países vinculados a la industra del diamante– es una denuncia sobre los contrastes generados por la avaricia y el comercio, también documentados aquí.

31 de diciembre de 2007

México y Malawi: ahí está el detalle

Artículo publicado en La Jornada escrito por Luis Hernández Navarro.

Salvo porque sus nombres comienzan con la letra “m”, Malawi y México parecen no tener mucho en común. Las diferencias en el tamaño de la superficie que ocupan, en su población y en sus economías son enormes. Sin embargo, es útil comparar sus políticas agrícolas porque mientras la agricultura mexicana se encuentra al borde del abismo, el país africano ha protegido y vigorizado la suya notablemente.

Durante años, ambas naciones cumplieron fielmente los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial. México, además, siguió al pie de la letra las medidas de liberalización comercial acordadas a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), que no son más que una versión más pura de las recetas del llamado Consenso de Washington.

Malawi es una pequeña nación africana sin salida al mar, ubicada en el sureste de África. Cuenta con una población de 12 millones de personas, que viven, en su mayoría, en zonas rurales. Su economía, preponderantemente agrícola, está muy poco desarrollada. La agricultura representa 42 por ciento del PIB y 82 por ciento de sus ingresos por exportación. Cultiva café, té, algodón y maíz. La ayuda internacional es fundamental para su funcionamiento.

En 2005 la cosecha de maíz fue desastrosa. Cinco millones de personas hambrientas requirieron de ayuda alimentaria de emergencia. No obstante, dos años después, la situación cambió drásticamente. Su producción del cereal es ahora excedentaria y la exporta a los países vecinos. Mientras que en 2002 cosechó poco más de medio millón de toneladas del grano, en 2007 alcanzó la cifra de 3.4 millones de toneladas. Malawi vende ahora más maíz al Programa Mundial de Alimentos de la ONU que cualquier otra nación de esa parte de África.

Lo que ha permitido a esa nación pasar de las hambrunas a siembras abundantes puede resumirse en un par de lecciones: subsidiar la producción agrícola, haciendo a un lado las presiones de los organismos financieros multilaterales para que no lo hiciera.

Según el FMI, Malawi tenía una “excesiva dependencia del maíz” y era más conveniente que lo comprara en el mercado mundial en lugar de cultivarlo, pues algunos de sus vecinos lo producen más barato. Un documento de la institución de junio de 2002 reconoce que “la estrategia del gobierno en virtud de los programas de 1998 y 2000 respaldados por el FMI y el Banco Mundial consistió en poner fin a la intervención del gobierno en el mercado de maíz y al mismo tiempo ofrecer subsidios alimentarios enfocados hacia los sectores pobres”.

El resultado de esta política fue fatal. El mismo Banco Mundial tuvo que admitir que la reducción de los subsidios internos había incrementado los precios de los fertilizantes a niveles alarmantes, y que no había reconocido la necesidad de mejorar los suelos. Según el economista Jeffrey Sachs, “los donadores eliminaron el papel del gobierno y se acumularon los desastres”.

En contra de los “recomendaciones” oficiales, Malawi decidió subsidiar los fertilizantes y, en menor medida, las semillas, así como otorgar un estímulo al incremento en la producción. De acuerdo con Patrick Kábame, funcionario del Ministerio de Agricultura, “nuestra gente está pobre porque carece de los recursos para aprovechar el suelo y el agua que tenemos”.

Muy otra es la actitud del gobierno mexicano. Frente a la entrada en vigor de la última fase del TLCAN, que implicará la devastación de amplias franjas del México rural, el secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, aseguró que los productores mexicanos están listos para enfrentar el desafío y descartó que fuera a renegociarse el capítulo agropecuario del tratado. Lejos de reconocer la magnitud del desafío, el Ejecutivo lo enfrenta patrocinando comerciales en los medios electrónicos en los que aparece la golfista Lorena Ochoa defendiendo los “éxitos” de la agricultura patria. Los anuncios son una verdadera confesión de que lo único que conoce la mayoría de los burócratas de Sagarpa son los campos... de golf.

Ahogado el niño, los funcionarios mexicanos se niegan a tapar el pozo. Aunque el agro vive una de sus más severas crisis y a partir del próximo año la situación será aún peor, se niegan a tomar medidas efectivas en defensa del campo. Su estrategia de apostar el futuro del agro a una hipotética resolución de la Organización Mundial del Comercio (OMC), para que Estados Unidos, la Unión Europea y Japón reduzcan los apoyos que brindan a sus productores no funcionó ni funcionará.

Llevar el asunto de los subsidios agrícolas a la OMC está condenada al fracaso. Primero, porque México renunció a los precarios instrumentos de protección que esta institución le ofrecía al pactar el TLCAN en los términos en que lo hizo. Segundo, porque el vecino del norte ha seguido siempre una política de doble moral en este terreno. Y tercero, porque la posibilidad de alcanzar un acuerdo en este punto está más lejos que nunca.

Para acabarla de amolar, la situación en el campo mexicano será aún más adversa a partir de la nueva coyuntura mundial. El nivel de reservas de granos y oleaginosas de acuerdo con los estándares históricos ha disminuido dramáticamente y sus precios se han incrementado. El costo del maíz, trigo, soya, se ha ido a las nubes. También el de los alimentos que se elaboran a partir de ellos, afectando a los consumidores pobres. La Ley agrícola de Estados Unidos próxima a aprobarse no parece contemplar una reducción significativa de las subvenciones. Por supuesto, el gobierno mexicano no ha hecho apenas nada para enfrentar adecuadamente el nuevo reto.

Bingo wa Mutharika, presidente de Malawi, dijo: “mientras sea presidente, no quiero ir a mendigar comida a otras capitales”. Por eso ha incumplido con las presiones de los organismos financieros multilaterales y defendido su agricultura. En cambio, al Ejecutivo mexicano no parece pesarle tener que importar cada vez más alimentos. El resultado de ambas posiciones es que el campo de Malawi florece y el mexicano fenece. Ahí está el detalle.

19 de diciembre de 2007

Las ventajas del TLCAN

Artículo publicado el 15 de diciembre de 2007 en la Jornada

“El TLCAN se agotó; ya no ofrece ninguna ventaja a México”: BBVA
La falta de acuerdos políticos e institucionales “ha pasado la factura”, indica el grupo español

Acuerdos comerciales de EU con Centroamérica mermaron la competitividad nacional, señala

Roberto González Amador

Convertir al país en un mayor receptor de inversión extranjera directa, la gran apuesta de la apertura comercial y financiera impulsada en México en recientes administraciones para propiciar desarrollo económico, es una estrategia agotada, al menos por ahora.

“Comparados con quienes más avanzan, México se ha quedado rezagado en materia de captación de inversión extranjera”, se asegura en un reporte de BBVA.

Para el grupo financiero español, propietario de BBVA-Bancomer, el principal grupo bancario de México, “las ventajas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se han agotado”.

El consorcio ofrece una explicación sobre el aletargamiento económico de México en años recientes, especialmente a partir de mediados de la década pasada, cuando la profundización de la apertura comercial y financiera fue mencionada como argumento para sentar las bases de un mayor crecimiento económico.

El jueves pasado, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reportó que con un ritmo de crecimiento en 2007 similar al de Haití, México se mantuvo en la parte baja del desempeño económico en América Latina y así seguirá en 2008.

De acuerdo con el organismo regional de la ONU, en 2007 la economía mexicana crecerá 3.3 por ciento, un rango similar al de Haití y apenas arriba de Nicaragua (3 por ciento), los dos países más atrasados de la región. El desempeño de México estará 2.3 puntos porcentuales abajo del promedio de la región.

Para 2008, América Latina crecerá 4.9 por ciento, 1.6 puntos porcentuales arriba del pronóstico de 3.3 por ciento para México en el mismo periodo. La Cepal espera que Haití sí mejore su desempeño y logre un crecimiento de 4 por ciento. Prevé que Nicaragua se ubique en 3.5 y Ecuador en 3 por ciento.



Glorias pasadas

En un reporte publicado a finales de noviembre, BBVA considera que México se ha quedado rezagado como receptor de inversión extranjera directa y comenta que en este rubro el país “está viviendo de glorias pasadas”.

Cuando el gobierno de Carlos Salinas (1988-1994) profundizó el proceso de apertura económica y liberalización financiera, uno de los argumentos de quienes promovieron esta estrategia fue que más inversión extranjera propiciaría mayor crecimiento de la economía. Sobre esa línea se negoció el TLCAN.

“Comparado con quienes más avanzan, México se ha quedado rezagado en materia de captación de inversión extranjera. Puede haber diversas explicaciones, aunque la lección parece clara: el deterioro en los niveles de competitividad y el retraso en los acuerdos institucionales que garanticen estabilidad y mayor crecimiento en el mediano plazo han ido cobrando factura.”

Podría pensarse, añade, que el atractivo de México para albergar inversión ha ido en aumento: el monto captado en 2006, cercano a 19 mil millones de dólares, prácticamente duplica al registrado una década atrás (10 mil millones en 1996); representa, además, 20 por ciento del total destinado a Latinoamérica en el mismo año.

Sin embargo, los números absolutos resultan engañosos: si se miden como proporción del PIB, se observa que, luego del impulso del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, que ubicó a la inversión en niveles cercanos a 3 por ciento en 2000, la tendencia ha bajado desde entonces, aunque atenuada por operaciones financieras. El nivel alcanzado en 2006 es de 2.3 por ciento del PIB, algo similar al alcanzado en 1994, fecha de inicio del TLCAN.

De acuerdo con BBVA, sólo una parte de la inversión extranjera directa reportada, alrededor de 50 por ciento, son capitales frescos. El resto corresponde a cuentas entre filiales, reinversión de utilidades e importación de maquinaria. Comparada con la de hace una década, la inversión en nuevos proyectos pasó de 6 mil 400 millones de dólares a 7 mil 500 millones.

“Importantes al inicio, las ventajas que ofreció el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá a las exportaciones de México se han venido agotando. La especialización en actividades intensivas de mano de obra y bajo nivel de valor agregado rindió sus mejores frutos en los años 90.

“En la presente década, con la firma de acuerdos comerciales en materia textil entre Estados Unidos y diversos países de Centroamérica, pero sobre todo con la entrada de China a la Organización Mundial de Comercio en 2001, las ventajas relativas de México se han ido erosionando”, considera BBVA.

21 de octubre de 2007

Vigilantes gitanos

Artículo escrito por Marcos Roitman, publicado en La Jornada.
En Madrid capital y sus cuatro costados, pueblos ricos y pobres, donde se desborda la urbe y crecen los asentamientos con ciudades de más de 100 mil habitantes, se construye de forma acelerada a pesar de la crisis inmobiliaria y el aumento de las hipotecas. Bajo una furia especulativa por adjudicarse terrenos públicos recalificados emergen polígonos industriales, edificios e infraestructuras adosados a los ayuntamientos en los que es posible reconocer los rasgos del capitalismo en su estado puro. Las formas de explotación del siglo XXI deja al descubierto una mano de obra sin protección: la inmigración. Marroquíes, latinoamericanos, africanos, europeos del este, asiáticos, son víctimas de una estrategia calculada donde la rentabilidad, es decir, la relación costo-beneficio del empresario, es la única lógica por la cual miden sus objetivos. El trabajo basura a los sin papeles es ya una constante. Sueldos de miseria y horarios de 10 o 12 horas nos retrotraen a tiempos de la esclavitud, recuperándose los mecanismos extraeconómicos de control sobre la persona y la fuerza de trabajo. Miedo y subordinación absoluta. Si no se obedece sumisamente no hay trabajo a la mañana siguiente. Así, los castigos corporales y la extensión de horarios inherentes al capitalismo colonial en Europa occidental hoy no se practican por ser antiestéticos. Resulta más rentable evadir la legislación en materia de seguridad laboral e higiene en el trabajo.

El aumento exponencial de los accidentes en el tajo es una constatación del deterioro y la indefensión de derechos de estos trabajadores. Pocos se preocupan de los sin papeles, ni ellos, asustados y pendientes de los favores de sus jefes. En la mayoría de los casos prefieren aceptar las migajas antes que reivindicar. Se mueven en el filo de la navaja: el mal trato laboral y la expulsión del país. Incluso los inspectores de trabajo, en el caso de la Comunidad de Madrid, actúan coaligados con los empresarios. Para ellos es bueno una cierta dosis de sobrexplotación. Por consiguiente, accidentes mortales, lesiones irreversibles, amputación de miembros, cegueras al no cumplir la patronal las normas de seguridad y peligrosidad laboral, es decir negligencias continuas, no son consideradas falta ni tildadas de homicidio imprudente. La mayoría de las veces ni siquiera llega a los juzgados una denuncia. Los sin papeles, ni seguridad social, desvalidos, reciben consejos. Mejor perder una mano, un ojo y esperar que el empresario sea un buen samaritano. Seguro, ellos siempre premian el silencio, te volverá a contratar y te ofrecerá papeles a cambio de tu complicidad. Conocida la realidad, los políticos de arriba, los jueces y fiscales de oficio, cierran los ojos y esconden la cabeza. Abrirlos y tener dignidad supondría cuestionar el orden capitalista y su racionalidad. Acusar de homicidio imprudente a empresarios con medallas al servicio público es un despropósito. Ellos son una categoría especial, ciudadanos ejemplares, cuyo esfuerzo consiste en crear riqueza. Son la patria y el motor del crecimiento económico. Dan empleo a los pobres. Su entrega debe ser valorada y ser eximente de cualquier desliz cometido en bien del progreso.

Bajo esta premisa conscientes de su poder e impunidad, infringen las leyes. Además, en caso de ser cogidos in fraganti, la justicia será indulgente. Ya hay casos. Muchos empresarios son absueltos tras la muerte en la obra de trabajadores. La lista de ecuatorianos, por poner un ejemplo, es notable. Pero ninguna sanción ni administrativa ni judicial. Y para callar bocas, unos cuantos euros a los familiares para repatriar el cadáver. Deben estar agradecidos, “el amo” les dio de comer mientras residieron en España. Otros no hubiesen sido tan generosos. Así el capitalismo sigue funcionando en el día a día de la inmigración de los sin papeles. Todo está calculado, nada se escapa a la rentabilidad. El negocio y el tráfico de drogas, el ejercicio de la prostitución son parte de su lógica. Ellas se permiten con tal de no ver afectado el normal funcionamiento de la cadena de producción y reproducción del capital. Pero todo tiene un límite, no puede tolerar el robo de los medios de producción en cuanto afecta el sentido mismo de la propiedad privada. Es decir, por lado, fuerza de trabajo libre y por otro propiedad privada de los medios de producción.

Hoy, en la periferia y en el centro de Madrid, dos palabras aparecen rotuladas en colores chillones, expuestas en cartones o maderas en los cuatro costados de no pocas de sus construcciones: “Vigilantes gitanos”. Dichos carteles sustituyen los tradicionales eslogan para ahuyentar cacos: “No se acerque, perros peligrosos”, o “Cuidado, obra con vigilantes jurados”. Los empresarios y algunos gitanos, han entrado en complicidad. Los primeros no aceptan el continuo esquilme de sus materiales en el procesos de producción. Lo que se gana explotando a ilegales se pierde por el robo de materiales de construcción, sean estos cemento, rasilla, azulejos, bañeras, duchas, pintura, sopletes, cables, enchufes, etcétera. Los segundos, es decir los gitanos, negocian para que la obra en cuestión no sea objeto de asaltos. Y como entre ladrones anda el juego, no se van a robar entre ellos. Se paga la protección y no hay problemas.

La cuestión tiene guasa. Por un lado, los gitanos, al menos una parte, reivindican la imagen degradada propuesta entre otros por Lombroso, quien los conceptuó como raza de ladrones, criminales, capaces de vender su alma y desde luego a sus hijos por un real. Imagen utilizada por el nazismo para llevarlos a los crematorios y hoy desempolvada para evitar que unos gitanos roben a payos. En definitiva. No robes donde hay hermanos. Sufrirás las consecuencias. Pero hay otra lectura: son seres hediondos sin valores ni ley ni cultura incapaces de vivir en la sociedad occidental.

Si hoy sabemos que no hay razas sino etnias, lo curioso es que nadie de su colectivo ni de la sociedad paya proteste y exija responsabilidades ante tanta ignominia. Los carteles comienzan a multiplicarse. Parece que todos estuvieran satisfechos. Unos y otros se sienten cómodos bajo ese palio. Así, los empresarios salvaguardan el sacrosanto derecho de la propiedad privada y la rentabilidad económica. Dicen sentirse orgullos de dar trabajo a gitanos españoles no provenientes de Europa del este. Es decir, ver como se respetan las tradiciones de la raza de gitanos ladrones enraizados en nuestra cultura, rentables y eficientes. Vale la pena invertir en ellos.

31 de agosto de 2007

Perro rico, hombre pobre

Artículo escrito por David Brooks y publicado el 31 de agosto en La Jornada.
En seis años baja el ingreso y hay 5 millones más de pobres en EU
De acuerdo con el censo más reciente, 47 millones de personas carecen de seguro médico

Nueva York, 30 de agosto. En Estados Unidos hay cinco millones más de pobres hoy que hace seis años, y el ingreso promedio es mil dólares inferior al que había en 2000, pero también hay noticias positivas: un perro heredó 12 millones de dólares.

El cuento de los ricos y los pobres se volvió casi patético esta semana con dos noticias. El gobierno federal anunció que aunque disminuye el porcentaje de hogares que vive en la pobreza después de cinco años de crecimiento económico, el hecho es que en 2006 (los datos más recientes) 36.5 millones de estadunidenses vivían en la pobreza, 5 millones más que en 2000.

También se informó que la multimillonaria empresaria de hoteles Leona Helmsley, quien falleció la semana pasada, le heredó a su pequeño perro maltés (su nombre es Trouble) 12 millones de dólares, y cero a dos de sus cuatro nietos (también le dejó 100 mil dólares a su chofer).

El Buró del Censo reportó que el ingreso promedio nacional se incrementó 0.7 por ciento el año pasado y alcanzó un total de 48 mil 201 dólares. Además, registró una reducción de .3 por ciento en el número de hogares en la pobreza.

Estas noticias positivas fueron subrayadas por el presidente George W. Bush como prueba de que sus políticas económicas estaban funcionando y que no deberían ser modificadas. “Cuando mantenemos bajos los impuestos, limitamos el gasto público, y abierta nuestra economía… todos los estadunidenses se benefician. Los datos del Buró del Censo difundidos hoy confirman que más de nuestros ciudadanos están mejor en esta economía. Con una continuación en el crecimiento de ingresos y más estadunidenses sacándose a sí mismos de la pobreza”, declaró Bush.

Pero lo que no mencionó es que estos modestos avances hicieron poco para borrar el principal hecho de su gestión en materia económica: que después de cinco años desde la última secesión económica, casi nada del crecimiento económico ha beneficiado a la abrumadora mayoría de los estadunidenses. De hecho, los ingresos de estadunidenses con trabajo de tiempo completo eran más de 1 por ciento inferiores en 2006 que en 2005, y el ingreso promedio de hogares encabezados por menores de 65 años de edad permaneció 2 puntos por abajo que en 2001.

El presidente también optó por hacer una breve y ligera referencia a otro dato terrible en el informe del censo difundido esta semana: 47 millones de estadunidenses carecen de seguros de salud, lo cual implica que no tienen acceso a casi ningún sistema de salud en este país.

El Buró del Censo informó que el número de estadunidenses sin seguro de salud se incrementó 2.2 millones entre 2005 y 2006. Esta tendencia se ha intensificado en los últimos años al dispararse los costos de salud, la reducción o eliminación de seguros que las empresas ofrecían antes a sus trabajadores, entre otros factores. Peor aún, el número de menores de edad sin seguro aumentó 600 mil entre 2005 y 2006 para alcanzar un total de 8.6 millones de niños.

A la vez, reportó el New York Times al analizar los datos, el único segmento de la población cuyos ingresos en 2006 eran superiores a los de 2000 eran los hogares del 5 por ciento más rico del país, y para todos los demás eran inferiores. “Tomado en total, los nuevos datos sobre ingresos y pobreza se intercalan de manera consistente con el patrón de los últimos 5 años, en donde el botín del crecimiento económico de la nación ha fluido casi exclusivamente a los ricos y a los extremadamente ricos, dejando poco para todos los demás”, opinó el Times en un editorial esta semana.

Pero no hay por qué preocuparse tanto, ya que la señora Helmsley dejó una buena parte de su fortuna calculada en 4 mil millones de dólares (Forbes la colocó en el número 369 en su lista de los más ricos del mundo) a las caridades. Pero Trouble, su perrito, tiene todo para vivir el resto de su vida como millonario y descansar eternamente, al morir, al lado de su benefactora en el mausoleo de lujo.

Por cierto, el testamento de Helmsley establece un fondo de 3 millones para mantener el mausoleo (con estrictas órdenes sobre cómo hacerlo). El perro fue el más beneficiado de la familia con sus 12 millones: Helmsley dejó sólo 10 millones a su hermano, y 5 millones por cabeza a dos de sus nietos, pero con condiciones que tienen que seguir, sobre todo una visita anual a la tumba de su difunto marido, y otros dos nietos se quedaron sin nada.

Al parecer, se tendrá que modificar el significado de aquello de una “vida de perros”.

17 de agosto de 2007

Tiene hoy un rico 130 veces más que un pobre

Se quintuplicó la brecha respecto de los años 90

La pobreza en el mundo, lejos de disminuir, va en aumento debido a que impera un sistema económico que no sólo se olvida de ella, sino que la tolera y aprueba, aseguró Jan Pronk, ex jefe de la misión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Sudán.

Al participar en la 28 reunión del Consejo Internacional de Amnistía Internacional (AI), el especialista aseguró que en los últimos 15 años la brecha entre ricos y pobres ha aumentado considerablemente, pues en la década de los 90 una persona de clase alta tenía 30 veces más que una pobre. Actualmente esa cifra es de 130 a uno.

Pronk consideró que a ese ritmo las Metas del Milenio, que los estados miembros de la ONU se comprometieron a cumplir antes de 2015, no serán alcanzadas. En lo que toca a niveles internacionales de pobreza, destacó, al menos mil 500 millones de personas, un tercio de la población mundial, vive con menos de un dólar al día.


Hunters, por Banksy.

Durante el encuentro, en el que participaron más de 400 activistas de AI de 70 países, Pronk subrayó que los objetivos de reducir la pobreza y la mortalidad femenina e infantil, mejorar la sanidad, la educación y asegurar la natalidad -las Metas del Milenio- podrían no cumplirse en el tiempo establecido. "El mundo está fallando a la gente nuevamente".

En su turno, Nader Fergany, autor del informe sobre desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas sobre el Desarrollo, denunció que el gasto de Estados Unidos en la ocupación de Irak y Afganistán sería suficiente para acabar dos veces con la pobreza del mundo.

"Las maneras de asegurar la paz y de reducir la desigualdad no han sido adecuadas, pues han estado subordinadas a la superpotencia mundial, que las ignora. Estamos ante una situación en la que ésta manipula las disposiciones de los gobiernos locales para sus intereses y, desafortunadamente, China e India, que serán las próximas potencias, no prometen un futuro rosa para los derechos humanos", indicó Fergany.

El especialista del PNUD indicó que las potencias mundiales, en lugar de combatir la pobreza y garantizar los derechos humanos, están creando más desigualdad, porque así conviene a sus intereses.

Por su parte, Ruth Zubaida, directora de Intercambio Intercultural de Internacional de Mujeres -organización que promueve la igualdad y la justicia en las relaciones humanas-, consideró que la problemática de la pobreza se agrava cuando se aborda el tema de la mujer. "En la brecha entre ricos y pobres podemos observar que las últimas en la lista son las mujeres", apuntó.

Estas, explicó, no gozan del derecho a una vida saludable. Muchas son violadas y agredidas sexualmente por quien se supone debería protegerlas, es decir, por sus parejas. Agregó que 99 por ciento de mujeres y niños en el mundo padece abusos por los estados, que "firmaron y ratificaron acuerdos internacionales, pero llegan a sus casas y los guardan en el cajón".

Para Hernando de Soto, presidente del Instituto Libertad y Democracia, con sede en Lima, Perú, el fenómeno de la desigualdad no se trata sólo de "pobreza absoluta", sino de un concepto de "riqueza relativa", debido a que las diferencias entre ambas clases sociales han aumentado.

Indicó que cuando se garantizan los derechos económicos de los pobres, el resto de las garantías "se van acomodando"; empero, subrayó, "no hay manera de que los pobres puedan avanzar con las actuales reglas del mundo globalizado".

El especialista expresó que aunque haya naciones con demasiados recursos naturales, como el petróleo, éstos no generan riqueza, sino que ésta se dará con un "buen gobierno", que administre los recursos para agregarles plusvalía.

Refirió que las empresas se han visto beneficiadas por los gobiernos de diferentes países para arrebatar a los más pobres sus tierras, debido a que las industrias podrán corromper a los funcionarios, "pero jamás a la gente humilde y pobladora milenaria de esas tierras ricas en recursos naturales".

Durante la reunión mundial de AI, se propuso que para combatir el problema de la desigualdad es necesario modificar la ONU, para que ésta se haga responsable de la situación de los estados que la conforman, generar más interés por el trabajo de la sociedad civil y poner atención a la labor de los jóvenes ante los desafíos mundiales.

Emir Olivares Alonso, en La Jornada.

7 de junio de 2007

El paraíso de los ricos

Artículo publicado por Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente personal, el 6 de junio de 2007, en El Universal.

Sudáfrica es un buen caso de estudio de cómo un modelo económico excluyente puede demoler los avances democráticos y regresar la tensión e inestabilidad

CIUDAD DEL CABO, Sudáfrica.- Aquí, en la punta del continente africano, las cosas parecen idílicas. En el campo de batalla de lo que apenas hace 10 años era un país en camino directo a la guerra civil por el racismo y el apartheid que generaban presiones y violencia crecientes, hoy se levantan modernos edificios inteligentes, hay una avenida llena de restaurantes de moda y clubes nocturnos, mientras que por sus amplias e impecables calles llenas de jardines circulan Ferraris y Lamborghinis, cuya venta per cápita supera a la de la mayoría de los países industriales. La riqueza que muchas veces se desparrama ante la primera mirada del visitante no muestra ningún pudor o frontera.

En los suburbios de esta ciudad se encuentran no sólo los mejores viñedos de Sudáfrica, sino algunas de las residencias más caras del mundo, que pueden ser adquiridas por cualquiera que pueda pagar entre 6 y 19 millones de dólares. Todo el terreno del puerto de la bahía, su Waterfront (la puerta de entrada donde se filmaron las escenas finales de la película Diamante de sangre), de hoteles de lujo, marinas, yates y restaurantes, joyerías y boutiques, fue adquirido por desarrolladores de Dubai que pagaron mil millones de dólares, para invertirle otros mil millones durante los próximos cuatro anos y convertirlo en "la Riviera de Africa".

En Johannesburgo, a casi mil 600 kilómetros de aquí, las cosas no son diferentes. El distrito de Gauteng, al cual pertenece, es un abanico de opulencia que tiene, además, sus nichos para los que más poseen, como en Sandton, su barrio más exclusivo, donde apenas en noviembre se vendió un penthouse en 25 millones de dólares.

Sudáfrica es uno de los querubines del capitalismo global, que apoyó a Nelson Mandela a salir de la cárcel primero, y a convertirlo luego en el primer presidente producto de elecciones democráticas. Su successor, Mbeki Thabo, mucho menos carismático que Mandela pero más eficaz como líder político, ha profundizado el arribo de esta nación a un grupo selecto de países emergentes donde todos están poniendo los ojos para invertir. Thabo, que ya gobernaba el país desde las sombras de la vicepresidencia en el gobierno de Mandela, ha llevado a Sudáfrica a una gran expansión corporativa.

El despegue ha ampliado el valor del único millonario en la lista de Forbes que había hasta hace tres anos, Nicky Oppenheimer, cuyo imperio familiar en la minería y en los diamantes lo ubican en el lugar 158 entre los más ricos del mundo, e incorporado en la última lista a Johann Rupert, en el lugar 194, gracias a las ventas de artículos de lujo de sus marcas, entre otras, Cartier, Dunhill y Chloe.

Cada uno tiene una fortuna que supera el producto nacional bruto de sus vecinos Zimbawe, dos veces el de Lesoto, cuatro veces el de Mauritania, y juntos tienen más recursos que Namibia. La estrategia económica de Thabo también generó millonarios locales, dos de ellos que son una paradoja de la lucha que se vivió aquí: Cyril Ramaphosa y Tokyo Sexwale, que lucharon hombro con hombro con Mandela, como líder sindical y organizador de grupos de resistencia, respectivamente, y que hoy amasan una fortuna combinada que, para alcanzarla, los 23 millones de sudafricanos que viven debajo de la línea de pobreza tendrían que trabajar, cada uno, más de 172 mil días.

En efecto, este paraíso idílico realmente no lo es cuando se le empieza a rascar un poco. Si, por ejemplo, un visitante pone atención a los alrededores del aeropuerto internacional de Ciudad del Cabo, al que llegan diariamente aviones directos de Europa, Estados Unidos y Sudamérica, podrá notar el hacinamiento interminable de casuchas de asbestos sin los más mínimos servicios.

De hecho, solo 12% de los casi 47 millones de sudafricanos tiene agua potable y las condiciones de vida siguen siendo tan escasas para la mayoría que la expectative de vida no rebasa los 47 años. Fenómeno que viven todas las naciones emergentes, la desigualdad es la marca de la globalización. Sudáfrica es, sólo detrás de Brasil, el país más inequitativo del mundo. Fenómeno también de las democracias novicias, la falta de una segunda generación de desarrollo político está creando nuevos polos de tension e inestabilidad.

"El fin del apartheid significó la igualdad constitucional y el derecho de voto, pero no tocó su punto más importante: la posesión", escribió recientemente en el periódico Cape Times el alcalde del Cabo Occidental, cuya capital es Ciudad del Cabo, Ebrahim Rasool. El colonialismo y el apartheid habían creado, en palabras de Rasool, "un huevo revuelto" de desposeídos y explotados por unos cuantos privilegiados, sumado al racismo, la subyugación de los negros y la separación social con base en el color de la piel. En toda esta década de la nueva Sudáfrica, "la nación del arcoiris" -como la definió el arzobispo Desmond Tutu, uno de los cinco premios Nobel de la Paz que se ganaron durante esa larga lucha- no tuvo un diseño institucional que resolviera ese problema fundamental de la posesión. Mandela no lo tocó, y Thabo está buscando conciliar la diferencia con una política agraria para repartir la tierra entre los pobres.

El problema es que la mayoría de Sudáfrica está despoblada -60% del total de la población se concentra en vastas ciudades perdidas entre Johannesburgo y la capital Pretoria- y la tierra cultivable no llega a 13% de la superficie total.

El capitalismo salvaje en el que ha vivido este país produce extrañas paradojas, que tienen a este pueblo con uno de los índices de desarrollo humano más bajos del mundo, el tercero con la tasa de desempleo más alta, una corporación de telecomunicaciones que tras el fin del apartheid se expandió a todo el continente creciendo en 1000%, y la decima bolsa de valores del mundo. El modelo económico está fallando, y la falta de reformas de segunda generación ha llevado al desencanto de la democracia, pues las altas expectativas de cambio que tenían en ella no se tradujeron en beneficios para todos, y se están convirtiendo en detonantes sociales.

Aquí se empieza a notar la creciente delincuencia que toca la puerta de todos. Una de las residencias oficiales del presidente Thabo fue saqueada hace poco tiempo, y tanto el ministro de Seguridad de Gauteng como el fiscal de Johannesburgo fueron asaltados en sus casas. Ante la ausencia de una sociedad más igualitaria, parecen inevitables las venganzas de los desplazados. De hecho, la estructura económica del apartheid se mantiene intacta, beneficiando a los blancos y a unos cuantos negros que han estado cerca del poder.

El problema de Sudáfrica es problema de muchos. Es una historia conocida en países distantes, donde las élites políticas y gobernantes quieren seguir manipulando y engañando a muchos. Pero hay límites, como en Sudáfrica, donde se está llegando al final de ese camino.

28 de mayo de 2007

Pregunta

Nos vendieron la idea de que todo aquí está mal. Los productos, la educación, la salud pública, la infraestructura, bueno, hasta la comida. Basta darse una vuelta por cualquier parte de la Ciudad de México para ver la cantidad de remansos de “primer mundo” que existen: centros comerciales, McDonald’s, espectaculares anunciando productos extranjeros, letreros en inglés. Sin embargo, siguen los baches en las calles, siguen las colonias en obra gris, sigue el poco civismo de los automovilistas. Eso sí, las estaciones de radio tocan música en inglés, la televisión transmite programas calcados de programas de televisión gringos y usamos anglicismos hasta el hartazgo. Esto no sucede sólo en México. Mi pregunta es la siguiente: ¿para construir una nación se necesita pensar qué se quiere como país, incluir a la mayoría de la población y llevarlo a cabo o una Big Mac es suficiente?

Hecho en México

Hecho en México era sinónimo de algo mal hecho. Eso siempre nos hicieron pensar, nos lo repitieron hasta el hartazgo. “Qué tonto es López Portillo”, me dijo un compañero de primaria cuando cursábamos 2o. año, “yo cambiaría todo el pétroleo de México por m&m’s”.
Y lo hicieron.

26 de mayo de 2007

La post miseria

“Un criminal brasileño ofrece una explicación del narcotráfico más realista que la oficial”.

Concepto.
No es común que un capo de la droga acuñe en prisión un concepto social para explicar su mundo y sus acciones, pero justamente eso es lo que hizo el brasileño Marcos William Herbas Camacho, alias Marcola: “la post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips…Mis comandos son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio”. Post miseria resulta un concepto interesante.

Un Diagnóstico. Según lo afirmado por el procurador general de la República, la creciente ola de violencia desatada en México por el narcotráfico tiene un lado positivo. Se trata, asegura el funcionario, de una desafortunada, pero lógica manifestación de la “severa crisis” por la que atraviesan las organizaciones del narcotráfico como resultado de las acciones militares y policiacas en su contra ordenadas por el Gobierno, (Reforma, 20 de abril). Como hipótesis es válida y sobre todo, optimista. Sin embargo, no está de más explorar una explicación alternativa como la de Marcola, por precaución.

La Percepción de la Sociedad.
Según una encuesta reciente, la mitad de los ciudadanos mexicanos considera que la violencia asociada al narcotráfico ya está fuera de control y 85 por ciento supone que la situación empeorará, (carta@parametria.com.mx). La alarma va en aumento y las estadísticas la avalan. Según un cálculo, en lo que va del año las “bajas por narco” superan las 800, (El Universal, 24 de abril). Lo extendido del fenómeno, su ritmo, la saña de los asesinatos y los mensajes dejados por los sicarios –desde simples cartones pegados al cuerpo de la víctima hasta videos puestos en la Red- justifican que el panorama actual y el del futuro inmediato se perciban sombríos.

Los Clásicos.
Para Tomás Hobbes (1588-1679), su utilidad como protector de la vida y la propiedad de los ciudadanos es la razón de ser y justificación última del Estado. Sin la fuerza estatal, el hombre no tendría más remedio que vivir en el “Estado de naturaleza”, cuyas características centrales son la violencia generalizada y la imposibilidad de la vida civilizada. Por eso, la autoridad que falla en su obligación de proveer seguridad pierde su razón de ser. El enfoque hobbsiano es descarnado, pero no es fácil argumentar en contra de la propuesta que ve en la fuerza la esencia del Estado. Max Weber (1864-1920) lo enunció así: “el Estado es la asociación que reclama para sí el monopolio del uso legítimo de la violencia y no puede ser definido de ninguna otra forma”. Ahora bien la formulación anterior no evita que dentro de cada estructura estatal existan actores que niegan legitimidad al orden existente y proponen un discurso alternativo, como ocurre con los revolucionarios. En contraste, la delincuencia común desde siempre ha retado al Estado y a la sociedad, pero sin justificar de manera teórica su desafío; el criminal simplemente se dedica a lo suyo y listo. Sin embargo, hay excepciones y una de ellas la encontramos en el ya citado Marcola. Las elucubraciones del capo brasileño resultan particularmente interesantes para México porque a falta de un material similar nativo, el paulista nos ofrece una vía indirecta para adentrarnos en el terrible universo mental del narco.

La Otra Explicación. En ausencia de un testimonio directo de “El Chapo” Guzmán, la entrevista con Marcola publicada en el diario O Globo en su edición del 23 de mayo de 2006, nos abre una ventana que permite atisbar e intentar comprender mejor la naturaleza del actual desafío armado al Estado mexicano y a su sociedad. Entender en qué tipo de guerra se está metiendo –nos está metiendo- el Gobierno actual en general y sus Fuerzas Armadas y su aparato de justicia en particular.

Marcola, de 35 años de edad, es un líder reconocido del mundo criminal de Sao Paulo, la principal ciudad de Brasil. Se trata, sin duda, de un personaje singular; según los datos disponibles, nació en un hogar pobre aunque no miserable. Es hijo de un boliviano y uno de sus hermanos, Gabriel, es diputado del MAS, en Bolivia. El personaje se inició en la actividad criminal a los nueve años de edad y ha pasado ya la mitad de su vida en la cárcel. En 2001, él y un centenar de presos más escaparon de prisión por un túnel, pero a diferencia de “El Chapo”, la Policía federal brasileña lo volvió a aprehender y hoy está purgando una larga condena en la prisión de máxima seguridad “Presidente Bernardes”. El 12 de mayo de 2006, unos días antes de la entrevista que aquí se cita, se supone que Marcola ordenó a su organización –el Primer Comando de la Capital o PCC- que desatara la mayor ofensiva de que se tiene noticia contra la autoridad en Sao Paulo. El resultado fue la muerte de 23 policías militares, siete policías civiles, tres guardias municipales, ocho agentes penitenciarios y cuatro civiles. Del otro lado y como respuesta, la Policía dio muerte a 107 personas en los barrios marginales. El alto costo del enfrentamiento entre la autoridad y el PCC, llevó a negociar una tregua, pero de ninguna forma el fin de la guerra. Y es el análisis de esa peculiar y brutal guerra –similar a la que hoy se desarrolla en México- lo que constituye el centro de la extraordinaria entrevista, (la conversación entre Marcola y “O Globo” se puede consultar en español en Google).

El capo paulista ha pasado buen tiempo en la cárcel pero, aparentemente, no ha sido tiempo perdido pues, además de dirigir su organización, ha leído tres mil libros, entre ellos los de Dante y Klausewits. A la pregunta de si es él el jefe del PCC, responde: “Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible”. Él supone que en el pasado hubo condiciones para resolver de forma relativamente fácil el problema de pobres como él “¿[Pero] el Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros [los miserables]?” No y como no lo hizo, Marcola, los seis mil miembros que se supone tiene el PCC y muchos más, buscaron su propia salida y la encontraron: “Ahora somos ricos con la multinacional de la droga y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de su conciencia social”.

Cuando se le pidió que pensara en una solución a la guerra entre el PCC por un lado y el Estado y la sociedad por otro, Marcola respondió: “¿Solución? No hay solución hermano. La propia idea de ‘solución’ ya es un error ¿Ya vio el tamaño de las 560 favelas de Río?…¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación…Y todo eso… implicaría una mudanza sicosocial…O sea: es imposible”.

El jefe criminal se adentra en los términos del conflicto: “nosotros somos hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble…La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama…La muerte para nosotros es la comida diaria…mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido…No hay más proletarios…Hay una tercera cosa creciendo allí afuera… [y] diplomándose en las cárceles… [es] la post miseria [que] genera una nueva cultura asesina”.

Y si los marxistas aseguraron que el burgués es capaz de vender incluso la soga con que se le va a ahorcar, Marcola afirma: “con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio. ¿Cuál es la Policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna…Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos”.

En torno a su relación con la sociedad, el teórico-criminal sostiene: “Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos ‘globales”. Y cuando se plantea el choque PCC-ejército, Marcola afirma: “Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque…¿Para acabar con nosotros? Solamente una bomba atómica en las villas miseria ¿ya pensó? ¿Ipanema radioactiva?

La reflexión final: “Ustedes necesitan hacer una autocrítica de su propia incompetencia…no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: ‘Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno’”.

Entre Esperanza y Simpleza. Naturalmente que lo último que se debe hacer es perder la esperanza. La cuestión es urgente y central y si hay un tema donde focalizar la energía colectiva es éste, pero hay que hacerlo sin simplificar, yendo a las raíces. La dimensión policiaca-militar es sólo una ¿dónde está el resto?

—Lorenzo Meyer
en Agenda Ciudadana

23 de mayo de 2007

La Isla de las Flores

Para producir un rico

"Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si ya han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico."

—José Saramago
Fragmento de Cuadernos de Lanzarote II (1996-1997)