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30 de diciembre de 2010

Illusion of Truth

This is what psychologists call the illusion of truth effect and it arises at least partly because familiarity breeds liking. As we are exposed to a message again and again, it becomes more familiar. Because of the way our minds work, what is familiar is also true. Familiar things require less effort to process and that feeling of ease unconsciously signals truth (this is called cognitive fluency).

As every politician knows, there’s not much difference between actual truth and the illusion of truth. Since illusions are often easier to produce, why bother with the truth?

The exact opposite is also true. If something is hard to think about then people tend to believe it less. Naturally this is very bad news for people trying to persuade others of complicated ideas in what is a very complicated world.

Some studies have even tested how many times a message should be repeated for maximum effect. These suggest that people have the maximum confidence in an idea after it has been repeated between 3 and 5 times (Brinol et al., 2008). After that, repetition ceases to have the same effect and may even reverse.

Because TV adverts are repeated many more times than this, advertisers now use subtle variations in the ads to recapture our attention. This is an attempt to avoid the fact that while familiarity can breed liking, over-familiarity tends to breed contempt.

Tomado de danielmiessler.com

20 de noviembre de 2008

Entrevista a Günter Wallraff

Günter Wallraff en entrevista con La Jornada: “me siento más cómodo con los vulnerables porque a diferencia de los poderosos viven la realidad, tienen opiniones realmente interesantes y mueven al mundo. Con ellos he aprendido que mi papel es, como en la física cuántica, el de un muy pequeño elemento de aceleración, que empuja a otros y a su vez es impelido por otros. Hacer periodismo encubierto para mí es una forma de contrainsurgencia, funciona para entender la realidad”.

El periodista indeseable visita México. Cabeza de turco (uno de sus libros representativos), conejillo de indias de la industria farmacéutica, disfrazado de lo más inimaginable para lograr reportajes que cambiaron al mundo, temido por los poderosos, amado por los desprotegidos, admirado por generaciones de periodistas, leído por multitudes, el maestro Günter Wallraff (Burscheid, Alemania, 1942) realizará una serie de actividades en México: impartirá un taller de periodismo encubierto, ofrecerá una conferencia de prensa, dictará una conferencia magistral en Bellas Artes, el martes 25, y otra en la Fundación Friedrich Ebert. Participará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Antes de abordar el avión, concedió la siguiente entrevista a La Jornada vía teléfonica desde su casa, lograda gracias a la colaboración de Jürgen Moritz.

El método del niño

–Su método de periodismo encubierto ¿lo asume usted como una forma de contrainsurgencia?, ¿enmascararse para desenmascarar al poder?

–Sí, funciona para entender mejor la realidad y para que pueda yo entrar directamente a los temas que elijo. Sucede que fui un muy mal estudiante, sobre todo en las materias teóricas; tenía que sentir una cosa para realmente entenderla. De manera que mi forma de trabajar es una parte de mi biografía. Pero también es un método para eludir la versión oficial, porque el discurso oficial nunca explica el tema, la realidad.

“Es necesario vivir el tema, la realidad, para entender. También es un juego. Es el método de un niño. Tener los ojos de un niño para ver el mundo como lo ve un niño, sentir como siente él, aprender como lo hace un niño. También, es divertido jugar a hacerse el tonto: así vas a escuchar cosas mucho más honestas y más duras porque el interlocutor cree que eres un tonto, y eso también forma parte del método. Por supuesto, para hacerte el estúpido no tienes que ser estúpido.”

–¿Qué significa para usted ser un periodista de pensamiento progresista o de izquierda, cuando el mundo ya es unipolar?

–Significa tener una utopía, todavía. Entender, tener la conciencia de que el mundo como es no puede seguir. No tiene futuro el mundo como es hoy día.

“Sin ser dogmático, sin ser cerrado, tienes que tener claro que eres solamente un elemento muy pero muy pequeño en el planeta. Eso viene de la física cuántica. Eres un muy pequeño elemento de aceleración. Estás empujando a alguien pero a ti también alguien te está impulsando. Ésa es tu función.

“Si juegas tu propio papel muchas veces no te percatas de que abrigas prejuicios. En cambio, si asumes un papel distinto enseguida te das cuenta de los prejuicios que puedes cultivar, y entonces cambias.”

Aprendizaje con los sin voz

–¿Asume entonces el periodismo como un servicio? ¿Dar voz a quien no la tiene? ¿Ponerse del lado de los desprotegidos?

—Sí, es importante dar voz a las personas que no tienen voz, pero también debes darte cuenta de que al ponerte del lado de los desprotegidos te colocas en un proceso continuo de aprendizaje. Aprendes de esas personas, y ésa es la manera en que el servicio social va y viene, es recíproca, fluye.

–Su colega Kapuscinski murió con una preocupación cara: los medios de comunicación, decía el maestro polaco, están cada vez más en manos de comerciantes y cada vez menos en manos de periodistas. ¿Comparte usted esta certeza?

–Ciertamente. Tuve además el privilegio de convivir con él, sobre todo en la década de los 80. Es para mí uno de los grandes maestros, no solamente del periodismo, sino de la actitud ante la vida. No solamente comparto su preocupación póstuma, veo cómo los intereses comerciales invaden el periodismo.

“Aunque en Alemania todavía tenemos una prensa crítica y una pluralidad en las opiniones, estamos en peligro permanente frente al funcionamiento de los medios de comunicación que cada vez más obedecen a un criterio solamente comercial y no periodístico.

“En los años 50 un famoso periodista del Frankfurter Allgemeine Zeitung dijo que la libertad de prensa es la libertad de los alrededor de los 200 dueños de los medios de comunicación. Si observamos esa cifra, hoy se ha reducido a tres, cinco megamultinacionales asentadas en Alemania. Lo que siempre se achacó, y con razón, al comunismo, de la opinión uniforme, ahora, en la concentración de las opiniones en el neoliberalismo parece revivir de otra manera.

“Observamos este fenómeno de una norma única, la moda de las opiniones únicas de los multimedios y la integración de una corriente dominante y, sobre todo, una tendencia de los medios de comunicación como entretenimiento y no como información. Hay algunos medios críticos, plurales, pero a veces funcionan para un público muy reducido, mientras la gran masa consume medios de comunicación que buscan formar personas tontas y no informadas o inteligentes. El modelo de entretenimiento de Estados Unidos contamina gravemente al resto del planeta en cuanto a medios de comunicación.”

–Al igual que lo hizo Kapuscinski hasta su muerte, usted, Günter Wallraff, ha mantenido ese sentido de humildad que hace grandes a los periodistas. ¿Cómo se logra ese control, esa verticalidad? Se lo pregunto porque sobran casos de periodistas que destacan para enseguida caer en las redes del poder,

–Una manera de evitar la coquetería que acostumbran los poderosos es tener amigos de distinta índole, es decir, no pertenecer a ningún grupo, ninguna corriente, ningún bloque identificable. También, interesarse realmente por la opinión de los demás, pero sobre todo acercarse a los más vulnerables. Eso te ayuda a entender muchas cosas muy interesantes que la gente en el poder no te puede ofrecer.

“Por supuesto que ser famoso o prominente acerca a muchos a la prostitución, a venderse por una ilusión de poder. Lo importante es mantenerse como una persona normal. Ser buena persona garantiza ser buen periodista. En lo personal me siento más cómodo con los vulnerables, con las minorías, porque esas personas, que viven en el intersticio de las culturas, tienen opiniones realmente interesantes, porque viven en la realidad, mientras los poderosos son muy aburridos, viven en la irrealidad.”

Publicado el 20 de noviembre de 2008 en La Jornada.

9 de septiembre de 2008

Otro último lugar para México

México es último lugar de la OCDE en inversión educativa por alumno
Revela la organización en su Panorama de la educación 2008 que apenas invierte 2 mil 405 dólares por estudiante, mientras naciones como Estados Unidos alcanzan 12 mil 788; el porcentaje de estudiantes que terminan secundaria es el menor de los 30 países miembros.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reveló en su Panorama de la educación 2008 o Education at a Glance de este año que México invierte por alumno 2 mil 405 dólares, con lo que se encuentra al final de los países miembro; muy lejos de los 12 mil 788 de Estados Unidos o de los 12 mil 195 de Suiza que encabezan la lista.
De igual manera, el informe devela que en México el porcentaje de alumnos que terminan sus estudios secundarios es de 42%, lo que lo ubica en el último lugar, por debajo de Turquía, que tiene 51%.

Para este año el Panorama de la educación 2008 contempla las opciones que eligen los países al invertir sus recursos, horas de alumnos en la aulas, cantidad de horas que trabajan los profesores, los tamaños de clases y salarios de los profesores. Los países miebros son 30 y también se les conoce como el club de los países desarrollados.

El 20% de la población mexicana tiene estudios universitarios, en los dos rangos que la OCDE valora, de 25 a 34 años y de 55 a 64 años.

En cuanto al salario a profesores, el informe dice: "La principal excepción es México, cuyos costes de salario por profesor en comparación con el PIB pér capita son muy superiores a la media de la OCDE, lo que se ha compensado con tamaños de clase grandes".

Y otros profesores en este rango son los de Islandia, Irlanda, Noruega, Polonia, Eslovaquia y Suecia, son respecto al PIB de esos países.

Según los resultados y as variantes se demuestran por qué no existe una relación sencilla entre cuánto se gasta en educación y el nivel de aprovechamiento.

A pesar de la valoración mexicana la organización resalta que la cantidad de recursos asignados a las instituciones educativas aumento como media un 19% de 2000 a 2005 en los países miembro y el gasto público en educación creció más de un punto, de 11.9% a 13.2% en promedio.
Nota publicada el martes 9 de septiembre de 2008 en El Universal.

24 de febrero de 2008

La confusión

El objetivo principal de la ideología de la clase dominante es la confusión. (...) Los procedimientos contra-revolucionarios que causan la confusión son, paralelamente, la anexión parcial de los nuevos valores y una producción deliberadamente anti-cultural apoyada en los medios de la gran industria (novela, cine, -televisión-), consecuencia natural del embrutecimiento de la juventud (...). La ideología dominante organiza la banalización de los hallazgos subversivos y los difunde ampliamente una vez esterilizados. Incluso consigue servirse de los individuos subversivos: muertos por el falseamiento de su obra y vivos gracias a la confusión ideológica general, drogados con una de las místicas con las que comercia.

17 de febrero de 2008

La extinción del hombre culto

Doris Lessing.

"La educación de antaño habría contemplado la literatura e historia griegas y latinas, y la Biblia, como la base para todo lo demás. Él -o ella- leía a los clásicos de su propio país, tal vez a uno o dos de Asia, y a los más conocidos escritores de otros países europeos, a Goethe, a Shakespeare, a Cervantes, a los grandes rusos, a Rousseau. Una persona culta de Argentina se reunía con alguien similar de España, uno de San Petersburgo se reunía con su homólogo en Noruega, un viajero de Francia pasaba tiempo con otro de Gran Bretaña, y se comprendían, compartían una cultura, podían referirse a los mismos libros, obras de teatro, poemas, cuadros, que formaban un entramado de referencias e informaciones que eran como la historia compartida de lo mejor que la mente humana había pensado, dicho y escrito. Esto ya no existe.El griego y el latín están desapareciendo. En muchos países la Biblia y la religión ya no se estudian.



(...) Hay un nuevo tipo de persona culta, que pasa por el colegio y la universidad durante veinte, veinticinco años, que sabe todo sobre una materia -la informática, el derecho, la economía, la política-, pero que no sabe nada de otras cosas, nada de literatura, arte, historia, y quizá se le oiga preguntar: "Pero, entonces, ¿qué fue el Renacimiento?" o "¿qué fue la Revolución Francesa?". Hasta hace cincuenta años a alguien así se le habría considerado un bárbaro. Haber recibido una educación sin nada de la antigua base humanista: imposible. Llamarse culto sin un fondo de lectura: imposible. Durante siglos se respetaron y se apreciaron la lectura, los libros, la cultura literaria. La lectura era -y sigue siendo en lo que llamamos el Tercer Mundo- una especie de educación paralela, que todo el mundo poseía o aspiraba a poseer. Les leían a las monjas y monjes en sus conventos y monasterios, a los aristócratas durante la comida, a las mujeres en los telares o mientras hacían costura, y la gente humilde, aunque sólo dispusiera de una Biblia, respetaba a los que leían. En Gran Bretaña, hasta hace poco, los sindicatos y movimientos obreros luchaban por tener bibliotecas, y quizás el mejor ejemplo del omnipresente amor a la lectura es el de los trabajadores de las fábricas de tabaco y cigarros de Cuba, cuyos sindicatos exigían que se leyera a los trabajadores mientras realizaban su labor. Los mismos trabajadores escogían los textos, e incluían la política y la historia, las novelas y la poesía. Uno de sus libros favoritos era El Conde de Montecristo. Un grupo de trabajadores escribió a Dumas pidiendo permiso para emplear el nombre de su héroe en uno de los cigarros.(...) Vivimos en una cultura que rápidamente se está fragmentando. Quedan parcelas de la excelencia de antaño en alguna universidad, alguna escuela, en el aula de algún profesor anticuado enamorado de los libros, quizás en algún periódico o revista. Pero ha desaparecido la cultura que una vez unió a Europa y sus vástagos de ultramar."

11 de noviembre de 2007

América y su guerra con el reino invisible de Satán

Escrito por Norman Mailer.

Estados Unidos quiere la dominación del mundo, pero su pueblo es un desentendido buscador de placeres. Lo que se requiere, entonces, es una fábula con moraleja para asustarlos en las galerías de tiendas y diversiones. El 11 de septiembre llegó muy a tiempo.

Los buenos novelistas y los buenos periodistas mantienen una búsqueda paralela. Siempre intentamos encontrar aproximaciones mejores que la verdad establecida, porque es común que esa verdad se tuerza en aras de poderosos intereses.

Los periodistas se aventuran en este meritorio e intrincado camino cavando la dura tierra en busca de esas criaturas viscosas que llamamos hechos, que casi nunca son lo suficientemente claros como para aflorar como ciertos o falsos.

Los novelistas trabajan de manera diferente. Comenzamos con ficciones, es decir, hacemos suposiciones acerca de la naturaleza de lo real. Puesto de otra manera, vivimos con hipótesis que, si están bien elegidas, pueden enriquecer nuestro intelecto y siempre hay la esperanza de que enriquezcan también el entendimiento de algunos lectores. Después de todo, las hipótesis son una de las incisivas formas en que intentamos estimar lo que pudiera ser la realidad. Cada nuevo fragmento de evidencia que nos allegamos sirve para debilitar o fortalecer una hipótesis. Con una buena premisa podemos acercarnos más a lo real. Una premisa pobre debe ser descartada tarde o temprano.

Analicemos por un momento el estado súper excitado en que se hallan un hombre o una mujer cuando los invaden los celos. Su razón se acelera, sus sentidos se tornan más alertas. Si una mujer cree que su esposo tiene un amorío, entonces cada vez que él llega a casa ella está más alerta de su presencia de lo que había estado en las semanas previas, o meses, o años. ¿Será culpable? ¿Será signo de desasosiego la manera en que dobla la servilleta? ¿Está siendo él demasiado complaciente? Los sentidos de la mujer se avivan ante la posibilidad de que otra mujer –llamémosle Victoria– sea el objeto de su atención. Pronto, la mujer se convence de que él mantiene un romance con Victoria. Definitivamente. No hay duda. Pero luego, una mañana cualquiera ella descubre que la dama está en China. Peor. De hecho, Victoria da clases en Pekín desde hace seis meses. Ergo, la hipótesis fue refutada. Si la esposa sigue convencida de que su esposo le es infiel, otra mujer debe ser la causante.

El valor de una hipótesis es que puede estimular nuestro entendimiento y avivar nuestra concentración. El riesgo es que puede distorsionar. Las buenas hipótesis dependen de preguntas reales, es decir, preguntas que no siempre generan respuestas felices.

Lo que me intriga de las buenas hipótesis es que guardan una relación cercana con la buena ficción. La novela seria busca situaciones y personajes que puedan ser lo suficientemente vivos como para sorprender al escritor. Si uno comienza con una suposición, es frecuente que las acciones de los personajes conduzcan el relato por rumbos algo distantes del plan inicial. En ese sentido, las hipótesis no sólo se parecen a las ficciones, sino que pueden compararse con los reportajes –una vez que se presenta la situación los sucesos subsecuentes pueden actuar como personajes sorprendentemente vivos, que cotejarán o refutarán el desarrollo de la situación que uno imaginó en un principio. El valor de una buena hipótesis, como el de una buena ficción, es que siempre enriquecen el intelecto del autor y el lector –aunque todo resulte más o menos como esperábamos o el devenir de los hechos sea muy diferente.

Una buena novela, como una buena hipótesis, se vuelve un ataque a la naturaleza de la realidad (si el término ataque suena muy violento como noción, piénsenla como indagación intensa). Pero el presupuesto básico es que la realidad es siempre cambiante –mientras más intensa es la situación, más imprevisible será el desenlace. Ninguna buena novela llega nunca a la certeza total, a menos que uno sea Charles Dickens y escriba Un cuento de Navidad. Siendo así, pocas hipótesis llegan alguna vez a un cierre.

En el camino a Irak, no se nos ofrecieron sino algunos cuentos para explicar por qué fuimos tan evidentemente temerarios en favor de la guerra.

Una hipótesis que surgió pronto es que una guerra así sería ruin. No derramemos sangre por petróleo. Ese fue el grito. Otros brindaron una razón mucho más virtuosa que los intereses petroleros estadunidenses: conquistar Irak democratizaría el Medio Oriente. Felizmente se arreglarían los problemas entre Israel y Palestina. En el proceso, esto resultó estar más cerca de un cuento de hadas que de una proposición lógica.

A su vez, el gobierno de George W. Bush nos recalcó la idea de las armas de destrucción masiva. Eso enraizó en el entendimiento estadunidense, cual relato de suspenso y espionaje. ¿Localizaríamos esas pesadillas antes de que voláramos en pedazos? Este fue el argumento más generalizado para ir a la guerra.

Hubo otras hipótesis: ¿encontraríamos a Osama Bin Laden pronto o no lo encontraríamos? Ello se volvió un cuento corto sin final. En vísperas de la guerra, surgió en la noche una sangrienta novela de culto. Se llama Conmoción y Espanto: ¿podemos clavar a tiempo la estaca en el corazón de Saddam Hussein? Los buenos estadunidenses sentían que íbamos a la caza de Drácula.

Hipótesis vívidas. Ninguna se sostuvo. No supimos entonces las razones y aún no comenzamos a ponernos de acuerdo: por qué nos embarcamos en esta guerra, la más miserable de todas. El principio conocido como Navaja de Occam sugiere que la explicación más simple, la que con mayor facilidad responde a una variedad de cuestiones separadas relativas a un asunto desconcertante, es la que tiene mayor probabilidad de ser la explicación correcta. Y de la fórmula del buen obispo Occam puede emerger una respuesta: marchamos a esta guerra de tan total magnitud porque fue la solución más simple que el presidente y su partido hallaron para salir del empantanamiento inmediato en que Estados Unidos se encontraba.

El primer problema es que el futuro científico de la nación y sus posibilidades tecnológicas parecía estar en aprietos. Los empleos en las fábricas estadunidenses estaban en peligro de desaparecer, rebasados por la cantidad de mano de obra en los países del Tercer Mundo. Nuestros expertos sufrían por empatar las habilidades tecnológicas de Europa y Asia. Las relaciones entre la mano de obra estadunidense y las corporaciones amenazaban llegar a la confrontación. Pero no era esa la única nube de tormenta sobre nuestra tierra.

En 2001, antes del 11 de septiembre, se ensanchaba la grieta entre la cultura popular y el fundamentalismo. Desde el punto de vista de la derecha religiosa, Estados Unidos se tornaba descuidado, patán, irreverente y flagrantemente inmoral. La mitad de los matrimonios estadunidenses terminaban en divorcio. La Iglesia católica sufría una serie de angustiosos escándalos.

Enfrentados al espectro de una superpotencia, nuestra propia superpotencia, fuera de orden en lo económico y lo espiritual, la mejor solución pareció ser la guerra. Eso podría ofrecer una avenida para recuperar América –no unificando el país, presten atención, de ninguna manera. Para ese momento, eso era casi imposible. Pero dado que el país estaba profundamente dividido, tal vez hubo que escindirlo aún más, de tal modo que la mitad a la que unos pertenecían, se hiciera mucho más poderosa. Para ello se incitó a los estadunidenses a vivir con todas las incertidumbres de los mitos intentando soslayar el borde filoso de la indagación que implican las hipótesis.

La diferencia es crucial. Una hipótesis abre el intelecto al pensamiento, a la comparación, a la duda, a lo esquivo de la verdad. Los mitos, por su parte, son hipótesis congeladas. Cuestiones muy serias se responden declarativamente, y no hay manera de reabrirlas. Se buscan lecciones morales para niños. El bien prevalecerá sobre el oscuro enemigo. Para el gobierno de Bush, el 11 de septiembre llegó como liberación. Se nos incitó a preocuparnos por la seguridad en cualquier galería comercial de Estados Unidos. El mito avasallador no era simplemente el peligro del Islam, sino su cercanía con nosotros. Para oponer los temores que generamos en nosotros mismos, debíamos invocar nuestro más dinámicos mitos estadunidenses. Debemos guerrear constantemente contra el invisible reino de Satán. Plantarnos en el Armagedón y luchar por la patria. Esto fortaleció la convicción de que América era excepcional y Dios tenía especial interés en el país. Dios quería que nosotros fuéramos una patria superior a otras naciones, un ámbito para elevar su visión a mayores glorias. Así, el mito de las fronteras, que exigió nuestra presteza para luchar sin límite, se volvió parte de nuestra excepcionalidad. “Hagamos lo que haga falta”.

Foto de Charles Ommaney publicada el 4 de marzo de 2003 en Newsweek.

Para que el capitalismo estadunidense sobreviviera, se hizo requisito esta excepcionalidad en vez de la cooperación con otras naciones avanzadas. Desde el punto de vista de los líderes de la nación, iban 10 años de iniciativas perdidas, 10 años en el frío, pero ahora América tenía la oportunidad de sacar provecho de la gran bonanza que se le cruzó en el camino en 1991, cuando la Unión Soviética se fue a la bancarrota en la carrera armamentista. En ese punto, o así lo consideran quienes creen en la excepcionalidad, Estados Unidos pudo y debió haber tomado el mundo y salvaguardado nuestro futuro económico por décadas, por lo menos, para contar con un siglo de hegemonía por delante. En cambio, los excepcionalistas se vieron consumidos por la frustración al ver todas las cautelas y lábiles rodeos del gobierno de Bill Clinton. Nunca fueron tan detestados los liberales. Pero ahora, el 11 de septiembre brindaba una oportunidad para que Estados Unidos resolviera algunos problemas. Ahora se podría embarcar en la gran aventura de un imperio.

Los promotores de la excepcionalidad resultaron ser realistas de hueso duro. Estaban preparados a aceptar el hecho de que la mayoría de los estadunidenses tal vez no abrigara ningún deseo real de dominación global. América ama el placer, lo que, para fines de estos promotores de lo excepcional, era tan malo como ser amante de la paz. Así, la invasión debía presentarse mediante una narración edificante. Esto significaba que la razón invocada para la guerra debía tener una vida muy independiente de los hechos. Los motivos ofrecidos al público estadunidense no debían tener conexiones cercanas con las probabilidades. La fantasía sirve a ese propósito. Por ejemplo, llevar democracia a Medio Oriente. Protegernos contra las armas de destrucción masiva. Estos asuntos debían penetrar los hogares con toda la parafernalia de hechos, datos que supuestamente confirmaran los motivos. Para que esto funcionara, debía comprometerse a la CIA. Gran parte de la gente de la CIA está motivada por su propia carrera. Hacer carrera no necesariamente significa hacer un trabajo de inteligencia correcto. Como en otros sectores de la burocracia, la gente con logros en dicha agencia es gente que trepa porque sabe lo que pide la superioridad. Terminan así produciendo lo que sienten que su país requiere, o su carrera, o el siguiente paso que dan. Cuando tales factores se contradicen unos con otros, el trabajo de inteligencia sale perjudicado. Así, la CIA se vio muy comprometida con la jugada de entrar a la guerra contra Irak.

Stop bush project
Muchos analistas que contaban con información de que Irak tenía muy poco que ver con armas de destrucción masiva se rindieron. La necesidad de que la superioridad cumpliera las expectativas del presidente los escindió. Así que avanzamos en la creencia de que Irak era una amenaza, y nos dijeron que las hordas iraquíes nos recibirían con flores.

Sin embargo, la democracia no es antibiótico que se inyecte a un cuerpo contaminado. No es el suero mágico. Más bien la democracia es una gracia. En su estado ideal es noble. Es imposible creer que gente tan endurecida, mentirosa y trascendentalmente cínica como Karl Rove o Dick Cheney –por ofrecer los ejemplos más a mano– hayan creído que una democracia rápida iba a ser posible en Irak.

En términos muy crudos, espero que por lo menos Cheney esté en Irak por una razón: petróleo. Sin control pleno del petróleo de Medio Oriente, los problemas económicos de Estados Unidos continuarán expandiéndose. Es por eso que permaneceremos en Irak en los años venideros, porque nada se gana con retirarse después de adosar este nuevo Estado semiopresivo. Si se pretende que es una democracia, tendremos sólo una victoria nominal. Regresaremos a Estados Unidos con todos los problemas que nos llevaron a Irak, más el gasto de unos cientos de miles de millones de dólares perdidos en el lodazal.

Me parece que si los demócratas desean trabajar una nueva serie de valores y actitudes para sus futuros candidatos, no sería mala idea que pensaran más creativamente en la cuestión para la cual, hasta ahora, tienen sólo débiles e inútiles sugerencias: cómo llevarse un poco del voto de los fundamentalistas.

Si para 2008 los demócratas esperan hacerse de una fracción significativa de tales votantes tendrán que hallar candidatos y operadores en el terreno que puedan esparcir su voz por el sur –es decir, encontrar el equivalente de misioneros demócratas que trabajen con esa buena gente, que tal vez viva en el temor de la ira de Jehová, pero que ama a Jesús, lo ama mucho más. Si a estas personas se les trabaja con celo suficiente, muchos podrían llegar a reconocer que esos tan despreciados liberales viven en el verdadero espíritu de Jesús cuanto más que los republicanos. Crean o no en cada una de las palabras de las Sagradas Escrituras, son esos liberales y no los republicanos quienes se preocupan por la suerte de los pobres, los afligidos, los necesitados y los desesperanzados. A esos liberales les importa inclusive el bienestar de los criminales en nuestras prisiones. Son más propensos a cuidar los bosques, refrescar el aire de las ciudades y sanear los ríos. Sería muy angustioso para un buen fundamentalista tener que votar por un candidato que no lee las Sagradas Escrituras todos los días, y tal vez algunos se pregunten: ya no sé dónde situar mi voto. Me he unido a las filas de los indecisos.

Hay que darle poder a esas personas. Más poder a aquellos dispuestos a vivir en la indecisión implícita en la democracia. Después de todo, es la democracia la que le brindó a la gente el poder y la virtud de las buenas preguntas, sin restringir el asunto a las clases superiores.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Copyright 2005 Norman Mailer

Artículo publicado en La Jornada el 30 de enero de 2005.

21 de octubre de 2007

The engineering of consent

Segundo episodio del documental de la BBC, The Century of the Self, que habla de cómo el poder en E.U., durante la posguerra, utilizó las ideas de Freud sobre el inconciente para controlar a las masas.
Primera parte


Segunda parte

Tercera parte

Cuarta parte

Quinta parte

Sexta y última parte

16 de octubre de 2007

Manufacturing Consent

Manufacturing Consent (libro traducido al español como Los guardianes de la libertad) es un documental sobre Noam Chomsky, destacado lingüista y politólogo estadunidense, y sus advertencias del papel de las corporaciones mediáticas en la propaganda actual.
Primera parte

Segunda parte

30 de septiembre de 2007

Privatizar para perfeccionar la ignorancia

Artículo escrito por Carlos Monsiváis, publicado en El Universal el 23 de septiembre de 2007.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) le ha pedido al gobierno de Felipe Calderón (18 de septiembre de 2007) privatizar la educación media y superior de acuerdo a una consideración generosa: el modelo actual de financiamiento no es eficiente en términos de la distribución de su gasto, porque 84.4% de los fondos se dedica al pago de los salarios de los maestros.

También, la OCDE sugiere no aumentar el gasto educativo hasta que se eleve la eficiencia en el manejo de los recursos; de lo contrario “se corre el riesgo de que esa inversión sea un puro y simple desperdicio”. Con alivio, advierto que la organización no exigió la renuncia simultánea de Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

El manejo de las cifras es, si se atiende a las conclusiones, por lo menos inescrupuloso: es cierto que el magisterio absorbe la mayor parte del presupuesto, pero esto no señala los privilegios de un gremio sino la penuria presupuestal de las universidades públicas. Es cierto que México está a la zaga de los 30 países miembros de la OCDE, con el último lugar en el porcentaje de la población universitaria, pero eso no indica el fracaso de los estudiantes sin recursos sino la catástrofe de los regímenes federales y estatales empeñados en uncir el presupuesto a ocurrencias que llaman cada sexenio “planes educativos”; México está presumiblemente en el último sitio de las naciones con el índice de terminación en educación media y superior, el penúltimo lugar entre los jóvenes de 15 a 19 años matriculados en el bachillerato, la posición 31 de 36 países participantes en el estudio, en el porcentaje de población de 25 a 34 años con educación superior, el sitio 31 en gasto por estudiante desde primaria hasta nivel superior, y el último lugar en el porcentaje de graduados del doctorado, con sólo 0.1%.

Nada de lo anterior apoya la exigencia de privatización.

* * *

El martillo teórico de este llamado a la privatización de la enseñanza, la doctora Blanca Heredia, directora de la OCDE en México para América Latina, desdeñó (o tal vez un verbo parecido, elija usted: minimizó, despreció, hizo a un lado, se burló sofisticadamente) los costos que tuvo esta propuesta en la UNAM:

Más allá del territorio de la UNAM, ¿a quién le beneficia ese estado de cosas (la deducción gratuita)? ¿De verdad le beneficia a la mayoría de la población? ¿De verdad con esa estructura la mayoría de los mexicanos van a tener más posibilidades de acceder a la educación superior? Y hay que ver a instituciones públicas ejemplares que han hecho experimentos en aras de la privatización... La inversión en ecuación genera beneficios estrictamente privados y como tal tienen que ser asumidos por la persona.

* * *

Ya entrada en la autopista de la metáfora, la doctora Heredia, seguramente influida por el pensamiento alegórico de la campaña de 2006, emite un apabullante juego de imágenes:

“No parece muy buena idea aumentar el gasto en educación sin que antes se eleve la eficiencia de los recursos: si hay una situación en la que se necesita más agua y se sirve agua carísima en una coladera, te vas a quedar con poco agua... (entonces) parecería mejor idea cerrar los hoyos a la coladera antes de poner más agua en ella”.

Así, México deja muy poco para invertir en otros rubros porque 96.9% del gasto educativo se destina a gasto corriente y, dentro de este concepto, 84.4% se canaliza a pago de maestros. Así, el país sólo dedica 3.1% al gasto capital, porcentaje menor al promedio de la OCDE, que es de 9%.

* * *

Casi hasta los últimos años del siglo XX la derecha quiere desacreditar la capacidad formativa de la escuela pública y para ello difama la educación laica. Durante un periodo prolongado se consigue muy poco, luego, al unificarse la perspectiva ideológica de las clases gobernantes, en el proceso que culmina con la adopción del neoliberalismo, se desata el ataque frontal a la educación pública, que es según sus detractores, muchos de ellos pagados por el Estado laico al que menosprecian, el refugio de los que no pueden ir a otra parte, el hacinadero de los carentes de acceso a la alta tecnología y a los compañeros de aulas que serán poderosos porque sus padres ya lo son. (A estas alturas ya da flojera fundar dinastías).

El neoliberalismo mejora la propuesta. Da igual que la educación pública se componga de nacidos para perder, lo intolerable es que la educación media y superior no se haya convertido todavía en una zona de ganancia empresarial. Si no hay instrucción moral, allá su infierno populista, pero que haya quienes estudien sin pagar, eso rebasa la paciencia de la macroeconomía. A la OCDE ni siquiera le preocupa que la inmensa mayoría no pueda pagar. ¿Para qué nacieron si no tenían crédito?, podrían decir con lógica parecida a la metáfora de las coladeras.

Se da por sentado: enseñanza pública (y laica) es la propia de los “nacidos para perder”, de los que nunca tendrán acceso a los estímulos del desarrollo (viajes, facilidades de estudio, prestigio de clase). Esta operación contra la educación pública pretende no destruirla del todo (para qué, dejen la enseñanza primaria, está bien que los asalariados sepan leer y escribir), sino alabar lo rentable y, de paso, atestiguar la suerte atroz de la gleba, del populacho, de los cuales —asista al sorteo del destino— sólo un puñado se integra a la clase gobernante, mientras la mayoría, es de suponerse que por lealtad, se aferra a la base de la pirámide. Son innegables las limitaciones de la educación pública, como las de la privada, pero en el caso de la primera los dicterios de la élite no provienen de la observación y el análisis sino de la certidumbre: fuera de los centros educativos de la élite aparece el abismo.

No aludo aquí a la calidad de la educación pública y privada sino a la campaña de desprestigio intenso contra los universitarios que no pagan por la formación que reciben. Si bien con la UNAM las calumnias se han desbaratado, en el caso de la educación elemental se ha implantado la especie: ventaja de clase es destino. Inmorales porque no reciben enseñanza religiosa; fracasados porque viven la educación pública. Iván Illich demostró con brillantez las consecuencias lamentables del mito de la escolaridad que iguala el fracaso en la escuela con el fracaso en la vida, tal y como lo señaló en una época el término destripado, el que al abandonar los estudios “se le salen las tripas”. Esto, dicho sea de paso, comienza a modificarse al filtrarse el nuevo lugar común: el título de licenciado ya equivale a un segundo certificado de preparatoria, es decir, la educación privada que vale la pena ocurre fuera.

No se admite lo innegable: tras el menosprecio frenético de las escuelas públicas se levanta otro capítulo de la lucha de clases (versión globalizada: habita la miseria integral aquél que en su correspondencia todavía usa timbres postales), y esto se agrava en los sectores indígenas y, en general, en la aplicación del presupuesto. A los niños indígenas se les relega estrepitosamente, mientras los recursos educativos disminuyen. El neoliberalismo exige países competitivos nada más atentos a la productividad, y le da igual (es decir, le molesta) la capacidad educativa de los sectores populares.

Privaticen y expúlsenlos del espacio vital. La moraleja queda pendiente.

Escritor

19 de septiembre de 2007

Suburbio

La tele dispara imágenes que reproducen el sistema y voces que le hacen eco; y no hay rincón del mundo que ella no alcance. El planeta entero es un basto suburbio de Dallas. Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.

El libro de los abrazos. Eduardo Galeano

11 de junio de 2007

Qué es Tittytainment

Tittytainment es el nombre que recibe la propaganda destinada a proteger los principios capitalistas y neoliberales que dirigen la globalización. Es una forma cualificada de propaganda, censura y desinformación cuyo objetivo fundamental consiste en minimizar, a los ojos de las ciudadanías de los países democráticos occidentales, los efectos nocivos que el tipo particular de globalización que está desarrollándose en el mundo estaría causando en la mayor parte de la población mundial, así como en el ecosistema, siempre según el punto de vista de los altermundistas y miembros de los diversos movimientos antiglobalización.

El vocablo tittytainment (entetanimiento) fue acuñado en 1995 por el ideólogo neoliberal, miembro de la Trilateral y consejero del ex-presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, durante la celebración del primer "State Of The World Forum", en el Hotel Fairmont de la ciudad de San Francisco. El objetivo del encuentro era determinar el estado del mundo, sugerir objetivos y metas deseables y proponer principios de actuación para alcanzarlos y establecer políticas globales para conseguir su implementación. Los líderes reunidos en San Francisco (Mihail Gorbachew, George H. W. Bush, Margaret Thatcher, Vaclav Havel, Bill Gates, Ted Turner, etc.) llegaron a la conclusión de que es inevitable la llegada de la denominada "sociedad 20:80", aquella en la que el trabajo del 20% de la población mundial será suficiente para sostener la totalidad del aparato económico del planeta. El 80% de la población restante así, resultará superflua, no dispondrá de trabajo ni de oportunidades de ningún tipo e irá alimentando una frustración creciente.

Es aquí donde entró en juego el concepto propuesto por Brzezinski. Brzezinski propuso el entetanimiento, una mezcla de alimento físico y psicológico que adormecería a las masas y controlaría su frustración y sus previsibles protestas. El mismo Brzezinski explica el origen del término entetanimiento, como una combinación de los vocablos ingléses "tits" ("pechos" en argot estadounidense) y "entertainment" que, en ningún caso, debe entenderse con connotaciones sexuales y sí, por el contrario, como alusivo al efecto adormecedor y letárgico que la lactancia materna produce en el bebé.

(tomado de wikipedia)

9 de junio de 2007

Tittytainment

A través de una propaganda constante y astuta se puede hacer que la gente vea el paraíso como si fuera el infierno y viceversa, que considere la forma de vida más miserable como el propio cielo.
Adolf Hitler. Mi lucha.


Foto: AP

Foto: AP

Entetanimiento

Sólo a través del prisma del Entetanimiento se puede comprender por qué...

... cada 3,6 segundos un niño muere de hambre, tras una agonía inimaginable, y nadie mueve un dedo para evitarlo; y ello en un mundo que produce más del doble del alimento necesario para alimentar al 100% de la población del planeta.

... decimos que vivimos en la "Era de la Información" a pesar de que más de la mitad de la población mundial no ha hecho, ni podrá hacer jamás, una sola llamada telefónica.

... hay más de 100 conflictos armados en el mundo que causan millones de muertos al año (siendo el 90% de éstos, víctimas civiles) y que suponen ingentes beneficios para las empresas occidentales.

... es perfectamente posible comprar un niño, como esclavo, por 300 dólares.

... la obesidad es una de las principales enfermedades del primer mundo mientras que más de 2.500 millones de personas pasan hambre.

... el FMI y la OMC coaccionan a los paises pobres para que apliquen políticas económicas que los sumen cada vez más profundamente en la pobreza.

... la invasión armada de Irak, motivada por la codicia del petroleo, y emprendida (según la ONU, y antes de la invasión) en violación del Derecho Internacional, sea llamada "guerra por la libertad".

... compramos sin inmutarnos juguetes para nuestros hijos fabricados por niños esclavos en China y otros países.

... más del 60% de la población mundial carece de agua potable y lo que se hace para "solucionar" esta carencia es acelerar la privatización de todos los recursos acuíferos del planeta.

... las decisiones que afectan a los ciudadanos de los paises democráticos se sustraen a los parlamentos de estos paises en beneficio de grandes organismos internacionales de funcionamiento autoritario sobre los que la ciudadanía no tiene ni información ni posible control, sin que esta ciudadanía reaccione en forma alguna.

... se oculta que el mundo puede "globalizarse" de muchas formas y que, la que se ha elegido, es solo una de muchas posibles.

... miramos hacia otro lado cuando se nos dice que hay más de 300.000 niños que han sido brutalizados hasta convertirlos en soldados despiadados.

... el consumismo, la ansiedad, y la falta de interés por los problemas de los más desfavorecidos se están adueñando de los jovenes del primer mundo.

... un país en principio democrático, los EEUU, detiene, públicamente y durante años, sin formular cargo alguno y sometiendo a torturas (según la ONU), a más de 500 personas en un campo de concentración.

...las ONG's, a pesar de todas sus buenas intenciones, sólo sirven para tranquilizar las conciencias de los ciudadanos del primer mundo.

... el neoliberalismo y el capitalismo salvaje se siguen considerando políticas aceptables a pesar de las pruebas irrefutables de su nocividad para la mayoría de la población mundial.

... un lerdo con historial criminal (según el propio Departamento de Estado de EUA) como George Bush puede llegar a dictar normas que obligan a los ciudadanos de paises en teoría democráticos de todo el mundo.

... la economía especulativa, aquella que no produce otro beneficio que el aumento de las cuentas corrientes de sus ejecutores, ha pasado de suponer el 2% de la actividad económica mundial (a inicios del S. XX), a ser superior al 98%.

... los medios de comunicación se han transformado en obedientes oficinas de prensa de las grandes multinacionales.

... los modernos neoliberales se proclaman herederos del liberalismo del s. XVIII pese al absoluto y sistemático desprecio de la abrumadora mayoría de principios que aquellos sostenían; y todo ello ante el silencio más asombroso de la comunidad académica.

Tomado de www.entetanimiento.com

30 de mayo de 2007

Syriana

Fragmentos de la película "Syriana", dirigida por Stephen Gahan. Una trama entrecruzada de intereses que se centran en el petróleo y la forma de conseguirlo. Al final, nadie sale bien librado.


Ganancia



Corrupción


¿Qué están pensando?

Good night good luck

Fragmento de la película "Good night good luck", dirigida por George Clooney. Se centra en el periodista Edward R. Murrow, que se enfrentó, entre otras cosas, a Joseph McCarthy (durante la cacería de brujas anticomunista) y a la censura de los anunciantes en televisión, que querían contenidos más entretenidos.

29 de mayo de 2007

Nueva televisión

Puede uno imaginar la sorpresa de cualquier persona, a mediados del siglo pasado, frente al nuevo invento de la televisión. Lejos de imaginar los alcances que el nuevo aparato podría traer en términos de entretenimiento, se adivina que la sorpresa tenía más que ver con la posibilidad de la comunicación. ¿Puedo ver algo que está sucediendo a dos kilómetros de distancia? podría ser una pregunta sensata, antes que ¿Podré ver anuncios de chocolate en polvo? Para los expertos de entonces, con seguridad la nueva era de la televisión tuvo forma, en algún momento, de una rica oportunidad: la de comunicarnos, compartir conocimientos y experiencias, entender la cultura de los otros. Educar. Imaginemos: millones de analfabetas por un lado, y la nueva posibilidad de llevar, a cualquier lugar, a través del aire, una señal que bien podría ir cargada de conocimiento. Pero no. Décadas después la señal lleva consigo concursos de belleza, noticias como producto, anuncios de cremas humectantes y "la voz de la sociedad civil" encarnada en la conductora de un noticiero. Otros contenidos están relegados a la señal cerrada del cable o al olvido.

Ahora, para cualquiera de nosotros, esto parece natural. Relacionamos a la televisión con entretenimiento y prácticamente no concebimos otro uso para ella.

Luego viene internet: un medio en inicio más democrático y con una capacidad de información cruzada que parecería difícil que algún día pudiera ser acotada por la visión corta de "entretenimiento es comunicación". Pero el paisaje tampoco es tan alentador. Aquí abajo una muestra: los resultado del buscador de Google nos dan un indicio de lo que está sucediendo en el relativamente nuevo, rico, inexplorado y culturalmente prometedor mundo de internet (como alguna vez lo fue la televisión).



27 de mayo de 2007

El pensamiento perdido

La capacidad que posee una persona de ser un portador de cultura, es decir, de comprender la cultura y obrar para ella, depende de su capacidad de ser al mismo tiempo un pensador y un ser libre. La libertad material y espiritual se encuentran íntimamente unidas. La cultura presupone libertad. Solamente puede ser concebida y realizada por una mente libre. Pero el hombre moderno ha perdido tanto la libertad como la capacidad de pensamiento.

A esta pérdida de libertad se suma el exceso de tensión. Desde hace dos o tres generaciones, una enorme cantidad de individuos han cesado de vivir como personas; sólo viven como trabajadores. Nada de lo que pueda decirse en términos generales sobre el significado espiritual y social del trabajo, vale ya para ellos. El exceso con que por regla general el hombre moderno, en todos los círculos de la sociedad, se ha dejado absorber por las preocupaciones materiales, ha traído como consecuencia un empobrecimiento de su espíritu. Se puede decir que este proceso ya comienza a obrar sobre él durante su primera infancia. Sus padres, presos en un inexorable destino de trabajo, ya no se pueden ocupar de él como sería natural. De este modo se le suprime algo esencial e insustituible para su desarrollo. Más tarde, entregado el joven también al exceso de trabajo, se ve cada vez más impelido a obedecer esa necesidad de ocupación y distracción exteriores. Dedicar las pocas horas libres que le restan a la reflexión íntima o a la conversación seria con personas o con libros, requeriría en él una capacidad de recogimiento que no siempre posee. La inacción más completa, el alejamiento de sí mismo y el olvido constituyen para él una verdadera necesidad física. Por lo tanto, se comportará como un no-pensante. Lo que busca no es una formación, sino un sostén, y justamente aquella especie de sostén que menos esfuerzo espiritual le exija. Hasta qué punto la falta de pensamiento se ha convertido en el hombre moderno en una segunda naturaleza, lo demuestra el tipo de sociabilidad que habitualmente practica.


(Detalle de Genova with Dem. Blu, 2006)

Cuando mantiene una conversación con sus iguales, procura especialmente que esta conversación se mantenga dentro de los límites de la observación de carácter general, y no se convierta en un verdadero cambio de ideas. Ya no posee nada que pueda llamarse su propio yo, y vive dominado por una especie de angustia de que en algún momento se le exija demostrar que lo posee; angustia de tener que demostrar que posee una personalidad. El espíritu que ha provocado esta asociación de los dispersos, día tras día se convierte entre nosotros en una fuerza cada vez más poderosa. Nuestra sociedad está creando una imagen rebajada del hombre. Tanto en los demás como en nosotros mismos, lo único que buscamos es un desempeño correcto de las obligaciones impuestas por el trabajo cotidiano, y poco a poco nos reducimos a no ser nada más; a ser meros trabajadores.

—Albert Schweitzer
Fragmento de "El pensamiento perdido"